El tango se llama “Sentado al borde de una silla desfondada”, basado en un poema de Juan Gelman y música de Fernando de la Riestra. Lo canta Juan Carlos Baglietto. El tema está en el disco “Modelo para Armar” del año 1985.
Y además, y ésto hoy es importante, Baglietto canta éste tango en el programa de Bergara Leumann.
Mala prensa. Éso es lo que tiene la izquierda. Mala prensa. En política el término usado es “zurdo”, dicho entre miradas de desprecio o sospecha. Hace no mucho tiempo, cuando un pibe amagaba usar la mano izquierda para escribir la maestra le ataba esa mano en la espalda para que “aprendiera” a usar la derecha. Cada vez que algún cretino paga una coima, consigue beneficios a cambio de diezmos varios, compra un auto robado o mercadería de contrabando, se dice que lo hizo “por izquierda”.
Pero señores, la zurda, la siniestra, es la mano del corazón, la de la creatividad, la inesperada, la zurda del Diego, la mano milagrosa de Jimmy Hendrix.
Mala prensa, éso es.
“Langarita” de Alejandro Bordas por La Siniestra Quinteto Tango.
Un día el tango salió a la calle. Dejó en el armario ese rígido gesto que se ponía en el escenario y bajó a la vereda.
Y allí se encontró con él mismo. Porque el tango es aire que se respira, es vida que se vive. El tango es una forma de mirar el mundo desde el taburete del tablado o desde el adoquín creativo.
“Comme il Faut” de Eduardo Arolas por el notable grupo Los Morlacos del Notario.
Aunque creamos que la vida es una serie de rutinas afianzadas por el paso del tiempo, siempre salimos a la calle a enfrentarnos con el paralelepípedo de nombre repugnante que llamamos mundo (gracias Cortázar), apostando lo que llevamos en el bolsillo. Por una cabeza.
“Por una cabeza” en una novedosa versión de Quantum.
¿Hay vida después de la muerte? Vaya uno a saber. Lo que sí hay son estos Monos del Infierno, que tocan el tango con la exquisita desesperación de los que conjeturan las llamas aunque sólo sean eso, una conjetura.
“No se puede vivir sin queso” (quizás una finta sobre aquel libro olvidable llamado “Quién se llevó mi queso”) de y por Monos del Infierno.
Para los que siempre aguantaron esas locuras que nos habitan.
Para los que siempre tuvieron un improperio a flor de piel para señalarnos nuestros errores.
Para los que siempre pusieron la oreja para escuchar las cosas que casi nadie quiere escuchar.
“A los amigos”, Julián Hermida Quinteto.
El otro día leía a varios otarios que opinaban en el Diario La Nación sobre el tango. La mayoría (miles de moscas no pueden equivocarse) señalaban que el tango es un género a punto de morir. Y que la búsqueda que tratamos de reseñar en este humilde espacio, una búsqueda insistente, rica, compleja, que multiplica las voces y alumbra senderos, los crea, los anda y los desanda, que esa búsqueda es el último manotazo del ahogado.
Lamento informarle a todos esos piscuices que están equivocados.
Por lo tanto, seguimos buscando.
“La Cumparsita” de Gerardo Matos Rodríguez, por Quantum.
"Negar que he deseado ser querido, sería una impostura. Lo he soñado, lo he padecido y lo sufro con agrado. Siempre he deseado que me quisieran, aunque esta aspiración no conduzca jamás a buenos resultados comerciales, ni traiga aparejada una libreta de cheques. Pero mi capacidad fraternal es tan sincera, de tan sencilla buena fe, que soy de los que quieren, sin discriminar, a la guía telefónica entera. Quiero a los que me saludan y quiero hasta a los que me estafan..."
(Enrique Santos Discépolo - Autobiografía)
El tango es más que música y letra combinadas, el tango es una vida que se queja y asombra a cada minuto. Esto es también Alas de Tango.
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