Es cosa de salir al sol, a la calle y ver esas caras repintadas en los afiches que publicitan las bondades de los candidatos políticos.
Sospechamos, con buenas razones, que la sonrisa es de utilería y las promesas vertidas son como los residuos arrojados al Riachuelo, tienen el mismo destino, están hechas con esa misma impronta descartable.
Sabemos por experiencia propia y dolorosa, que los proyectos de esos personajes distan bastante de los manifestados a viva voz desde todos los escaparates que la mercadotecnia inventó para seducir con el envoltorio, con la mera apariencia.
Sabemos también que esa hipnosis colectiva vuelve a funcionar.
Porque todos necesitamos esperanza.
Porque nos estamos acostumbrando.
“Yira Yira”, Javier Calamaro, el Mono Morello y la Orquesta Pirata.
La españolísima Sarita Montiel le pone voz al clásico tango “Uno” de Discépolo y Mores.
La pelicula de donde esta tomada esta escena se llama “Mi último Tango” dirigida por Luis César Amadori.
Para comenzar el lunes con una caricia musical.
Que lo disfruten.
Lo único que falta es que tenga que hacer un largo preámbulo para presentar al Polaco.
Es más, sólo al decir Polaco, los que están leyendo tienen que sentir un cosquilleo en la panza, encender una sonrisa y prepararse para la emoción.
Es necesario ser de otro país, de otro planeta, de otra galaxia diría, si cuando pronuncio las palabras “Cafetín de Buenos Aires” un ramalazo de nostalgia no recorre el cuerpo.
Por lo tanto, sin tanta vuelta, el Polaco, cantando.
Viernes, último día de la semana. Es un buen momento en el Cafetín para traer a Don Julio Sosa, el Varón del Tango en una de sus mejores interpretaciones.
El tango que vamos a ver y escuchar no necesita explicaciones ni detalles técnicos. Tan difundido está y tan usado para una multitud de metáforas del ayer y del hoy. Simplemente una pequeña glosa a modo de presentación y ahí nomás, el tango mismo:
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Siglo XX Cambalache y el XXI también
Las cosas que pinto Discépolo
No han hecho más que empeorar
¿Qué más le puedo contar?
El pobre sigue con la mishiadura
Mientras todos los caraduras
Se llenan la boca y la panza
Pobrecita la esperanza
Se ha quedado sorda y muda
Lo mismo que barracudas
Se arrojan sobre el billete
Nos han metido en un brete
Ahora la Biblia no llora
Es el calefón el que implora
Basta de tanta iniquidad
Pero se sabe que la paridad
Sólo puede ser cambiaria
Así que ahí está de otaria
Al cuete la libertad.
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Señores, presentamos hoy “Cambalache” en la inconfundible voz de Julio Sosa.
Se esperan las opiniones de La Tropilla de la Zurda, la Barra que engalana este boliche,
“Pensé: no se puede decir que la esperanza existe como tampoco se puede decir que no exista. Es como los caminos que cruzan la tierra.
Porque, en verdad, al comienzo la tierra no tiene caminos, pero cuando muchos hombres marchan en la misma dirección, surge el camino”
(Lu-Shin)
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El tango “Que vachaché” fue escrito por Discépolo en 1926 y su estreno resultó un fracaso. Cuatro años más tarde la gente comprendería el verdadero sentido de la obra, cuando la caída de las Bolsas y la Gran Depresión golpeara sin piedad a todo el mundo, dejando un reguero de miseria y hambre.
Quien habla en este tango es una mujer que dirige una ríspida arenga a su compañero, recriminándole su idealismo: “Te crees que al mundo lo vas a arreglar vos”, dice irónica y furiosa.
Tal como el Viejo Vizcacha propone una escala de valores que sería contingente con el mundo: “vender el alma, rifar el corazón, tirar la poca decencia que te queda”. Para esta mujer la moral y la honradez se compran. Por lo tanto, el dinero es lo primero y lo único.
El resto de la vida viene detrás y se puede adquirir en metálico.
Puede que este tango suene desesperanzado, cínico. Pero no lo es. La mujer asume aquí el papel de la voz del “sentido común dominante”. Esa doble moral media que atraviesa una sociedad como la nuestra pregonando la piedad y ejecutando una y otra vez la danza de la muerte.
Un cinismo que reconoce su origen en la supervivencia y promueve una conformidad a priori. Un conformismo que empuja a la inmovilidad. Arrancarse los ojos por dinero pero no mover un dedo para cambiar el mundo.
Otra vez Discépolo anticipándose y describiendo a la perfección la característica central de nuestra sociedad. Discépolo aún tenía esperanza. Hay que ver si con eso tenía razón.
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¿Y la Barra qué opina?
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QUÉ VACHACHÉ Letra: Enrique Santos Discépolo Piantá de aquí, no vuelvas en tu vida,
ya me tenés bien requeteamurada.
No puedo más pasarla sin comida,
ni oírte así, decir tanta pavada…
¿No te das cuenta que sos un engrupido?
¿Te creés que al mundo lo vas a arreglar vos?
Si aquí ni Dios rescata lo perdido…
¿Qué querés vos? ¡Hacé el favor!
Lo que hace falta es empacar mucha moneda,
vender el alma, rifar el corazón;
tirar la poca decencia que te queda,
plata, plata, plata… y plata otra vez…
Asi es posible que morfés todos los días,
tengas amigos, casa, nombre… ¡lo que quieras vos!
¡El verdadero amor se ahogó en la sopa,
la panza es reina, y el dinero Dios!
¿Pero no ves gilito embanderado
que la razón la tiene el de más guita?
¿Que la honradez la venden al contado,
y a la moral la dan por moneditas?
¿Que no hay ninguna verdad que se resista
frente a dos pesos moneda nacional?
Vos resultás haciendo el moralista,
un disfrazao… sin carnaval…
¡Tirate al río! No embromés con tu conciencia,
sos un secante que no hacés ni reír…
¡Dame puchero, guardate la decencia,
plata, plata y plata … yo quiero vivir!
¿Qué culpa tengo si has piyao la vida en serio,
pasás de otario, morfás aire, y no tenés colchón?
¿Qué vachaché? Hoy ya murió el criterio…
¡Vale Jesús lo mismo que el ladrón!
Ese rincón de Buenos Aires, del mundo, en donde uno se sienta a tomar el consabido cortado, a masticar la rabia y el amor. A diseñar sueños, elaborar utopías, reconstruir el mundo, armar el equipo de la selección que indudablemente ganará todos los mundiales. En donde las discusiones por el club de fútbol que se abrazó para siempre (a pesar dederrumbes e incendios) adquieren la dimensión de debates diplomáticos o cruce de gladiadores romanos.
Ese rincón sagrado que se reserva para los amigos, para algún amor que necesita la complicidad del mozo que nos hace un gesto de comprensión y nos facilita la galantería. Ese Café, ese Cafetín. Ese que Discépolo describió con lujo de detalles.
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Cafetín de Buenos Aires (1948) Letra: Enrique Santos Discépolo
Música: Mariano Mores
De chiquilín te miraba de afuera
como a esas cosas que nunca se alcanzan;
la ñata contra el vidrio,
en un azul de frío,
que solo fue después, viviendo,
igual al mío…
Como una escuela de todas las cosas,
ya de muchacho me dijiste entre asombros:
el cigarrillo, la fe en mis sueños
y una esperanza de amor.
Cómo olvidarte en esta queja,
cafetín de Buenos Aires,
si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja.
En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas
yo aprendí filosofía… dados… timba…
y la poesía cruel
de no pensar más en mí.
Me diste en oro un puñado de amigos
que son los mismos que alientan mis horas:
José, el de la quimera,
Marcial, que aún cree y espera,
y el flaco Abel, que se nos fue
pero aún me guía.
Sobre tus mesas que nunca preguntan
lloré una tarde el primer desengaño,
nací a las penas,
bebí mis años,
y me entregué sin luchar.
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En particular, mi cafetín era El Ciclón, en Avenida La Plata y Rosario. Un lugar para cuervos como yo. Lo acaban de cerrar. Por lo que habrá que encontrar otro.Aunque el aguantadero no se puede buscar, se encuentra o no.
Para comenzar este blog, nada mejor que las palabras de Enrique Santos Discépolo, definiéndose a sí mismo.
Luego, quizás mañana, si es que mañana es una entidad que podamos medir con palabras, Alas de Tango comenzará a volar por si mismo.
Por ahora, un partero de lujo nos da la cachetada que nos permite respirar:
“Digo que soy bueno y en realidad creo que lo soy, pero los buenos casi siempre despertamos un poco de piedad. En verdad, la bondad no es profesión que halague. Al contrario: duele. Más de una vez hubiera querido ser malo, de estafado perpetuo pasar a estafador, de hombre mordido a hombre que muerde. Pero nunca pude hacerlo. Para todo se necesita una educación, una sangre especial. Para ladrar hay que ser perro. Y no se puede ser luna y perro a la vez.
La filosofía que campea en mis tangos, la aprendí en la calle, en la vida, en aquellos años de bohemia de mi juventud… Hay cosas que no aprendí solo… como cualquier ciudadano que camina y respira. Pasé por todas las etapas y no me avergüenzo: a los quince años hice versos de amor, muy malos… Al los veinte, henchido de fervor humanista, creí que todos los hombres eran mis hermanos… A los treinta… hum… a los treinta, eran apenas primos… Ahora, estafado y querido, golpeado y acariciado, creo que los hombres se dividen en dos grandes grupos: los que muerden y los que se dejan morder…”
"Negar que he deseado ser querido, sería una impostura. Lo he soñado, lo he padecido y lo sufro con agrado. Siempre he deseado que me quisieran, aunque esta aspiración no conduzca jamás a buenos resultados comerciales, ni traiga aparejada una libreta de cheques. Pero mi capacidad fraternal es tan sincera, de tan sencilla buena fe, que soy de los que quieren, sin discriminar, a la guía telefónica entera. Quiero a los que me saludan y quiero hasta a los que me estafan..."
(Enrique Santos Discépolo - Autobiografía)
El tango es más que música y letra combinadas, el tango es una vida que se queja y asombra a cada minuto. Esto es también Alas de Tango.
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