Otra carta, en el dia que Lu y Ro prometieron quererse para toda la vida….
Miro el reloj,
cada minuto es lento como una eternidad,
pero a la vez rápido como un suspiro.
Falta menos,
Los nervios empiezan a hacerse notar, calor, frío, mariposas en la panza.
Lo miro de nuevo, Falta todavía menos.
Cierro los ojos y los imagino, parecen los dos tan grandes pero a la vez tan chiquitos.
Los dos elegantes con corbata y tacos. Con sueños y esperanzas, con emoción y miedo, con alegría y nostalgia, con tanta responsabilidad toda de golpe en sus manos. Tanta seriedad, tanto crecer corriendo.
Me parece que fue hace un año que nació mi hermano y para que yo no me pusiera celosa recibí de regalo una muñeca y me parece que fue hace una semana que conocí a esa flaquita y como no me puse celosa, recibí de regalo una hermanita,
Me parece ayer… que los vi llegar al aeropuerto con una enorme valija llena de recuerdos, una tonelada de fotos grabadas en los ojos, mil palabras que todavía hacían rumor en sus oídos y un mar de lágrimas contenido atrás de las pupilas. … Caras de asustados, y en la cabeza esa mezcla de tristeza por lo que dejaban y de curiosidad por lo que iba a venir…
Me parece ayer… Pero desde ese día ya pasaron un montón de meses. Y la curiosidad que tenían, empieza a llenarse de realidad, de una realidad toda de ustedes, con nuevos recuerdos por crear, nuevas fotos por grabar en la mente, nuevas palabras para susurrar al oído y nuevas lagrimas de emoción para llorar juntos.
Me parece ayer…. Antes cuando cerré los ojos e imaginé, los vi adultos…
Por eso, Ahora que los estoy mirando, querría cerrarlos nuevamente … para imaginar, … Para imaginar esos dos nenes que juegan a ser grandes, que se ponen corbata y tacos para disimular, que tienen proyectos de gigantes y sueñan tanto como cuando eran chiquitos, estos mismos dos nenes que se van a quedar guardados siempre en mi corazón aunque hayan crecido
De tanto tratar de llenarse de estrellas, una a una las fue perdiendo a medida que las iba guardando.
Eso le sucedió, durante mucho tiempo, por no darle importancia a esos espacios de caricias que iban dejando secuelas, a esos vacíos de palabras que hacían eco en sus oídos y sobre todo, a esos abismos de ausencia que ella no llegó a descubrir hasta que miró en su interior y notó que el resplandor que la invadía no era de la luz que esas estrellas emanaban, sino que el brillo provenía de las lágrimas. Aquellas làgrimas que quedaban decantandas en su alma e iluminadas por alguna que otra miguita de esperanza. Esas que hicieron que ella viviera suspendida en una realidad ficticia … creyendo que tenía algo cuando en realidad, ya lo había perdido hace tiempo.
Como pesaba la soledad. Que cruel es el silencio, cuando nada se dice y todo apenas se interpreta…
Nadie dice que actuó mal, ni que debe arrepentirse de lo que dio desinteresadamente. Ya no sirve de nada cargarse la culpa sobre su espalda, ni odiarse a ella misma por su tontera sentimental. Solo debe tener bien claro, es que por haber tenido la capacidad de amar contra viento y marea es una privilegiada… Ojalá mas gente pudiese amar con tanta intensidad, integridad y perseverancia.
Hoy, solo me queda alegrarme por ella, porque por fin descubrió que no era saludable vivir suspendida sobre la realidad fingida que los otros le daban el permiso de vivir. De haber continuado así, habría vivido eternamente colgada de su ingenua dependencia a la hora de querer, habría hecho enfermar a su alma de uno de los peores males que se pueden contraer: la manía de necesitar adecuarse siempre a lo que pretenden de uno.
Ya no necesita mendigar una sonrisa, ni una palabra; sabe que no merece el tener que implorar por una mirada, por una caricia. La lástima no le sirve, en realidad, nunca le sirvió. Ella es una persona y como tal, merece ser feliz con algo más contundente que la caridad y las migas de amor que recogìa por ahi.
Hoy la situación le alcanza para que tiernamente la lluvia comience a acariciarla nuevamente. La escarcha inicial va desapareciendo casi por completo…
y por eso dice,
y por eso digo:
“No quiero correr el peligro
de que el viento me esquive…
porque sabe que no tengo el valor suficiente
como para desafiarlo”
El cielo es cielo y la tierra, tierra. El sol brilla, la lluvia moja y el viento comienza a desnudar los árboles como cada otoño. Solo que hace poco había ya vivido otro otoño, en otro lado, haciendo que el deseo de la tibieza del sol fuera solo un pálido anhelo. Todavía tenía un largo invierno por delante.
Sus mañanas estaban teñidas de un opaco brillo. Todos gritaban, hacían preparativos y finalmente, se marchaban. Era en ese momento que el silencio comenzaba a rasguñar las paredes, a abrir grietas que necesitaban ser cerradas para no derrumbarse. Ella pasaba esas horas tirada en la cama, escuchando el ruido de los cristales de su corazón mientras se hacían pedazos contra la dura realidad, cada día un poco más. Pensaba, mitad dormida y mitad despierta, en aquello que hasta hacía poco tenía entre los dedos y ahora estaba tan lejos.
Hasta que un día descubrió que ese vacío en su garganta y ese silencio en sus oídos solo querían ser vencidos.
Nada había cambiado realmente, pero para ella el mundo desde esta nueva visión era diferente. Se estaba convirtiendo en una caja de sorpresas que ansiosa esperaba solo ser abierta. El dolor que antes le hincaba las agujas lastimándola, prácticamente se había disipado. Era como si la luna se hubiese encendido, como si los colores del arco iris se hubiesen desparramado, era como si la vida por fin se hubiese despabilado. Era como si ella desbordara, segundo a segundo, los límites de aquellos recuerdos que la ataban a la tristeza; como si ya se hubiese borrado del mundo todo aquel peso que la achataba contra el suelo. El peso de haberse ido, de haber abandonado, de haber dejado lágrimas pegadas en los ojos de quienes la despedían… litros de lágrimas que se llevaba como mochila cada día de su vida.
Aunque todavía todas las rutas la lleven hacia algún recuerdo, éstos no están húmedos en llanto sino que son tan brillantes como la sonrisa que a ella se le pinta en la cara cada vez que aquellas presencias acuden a su memoria. Sabe que amó cada uno de los abrazos que le regalaban pero tiene claro que ya no los necesita para tener ganas de vivir. Los necesita y basta. Porque las ganas de vivir esta nueva vida, ya está echando raíces dentro de si misma y crece alimentada de esperanzas. Poco a poco, termina de huirle al silencio, levantando remolinos de color y risas con cada uno de sus pasos.
Como todos le decían, era cuestión de tiempo. No quiere decir que no le falten esos afectos, ni que se olvidó de cada una de las personas queridas, ni que puede vivir sin ellos. Es solo que a veces, para poder salir a flote se necesita abandonar el barco que está hundiendo y empezar a nadar hasta una nueva orilla, hasta la orilla más cercana. Y en ese océano de tristeza la orilla mas cercana es ésta, es en la que ella aterrizó hace apenas un tiempo atrás.
¿Quién no intentó, alguna vez, construir un muro para alejarse del dolor? ¿Quién no trató de inventar algún gualicho para ahuyentar el sufrimiento?
Como cualquiera, ella siempre había tratado de dibujarse la sonrisa constante en su rostro, disimulando así, cada una de las gotas de dolor que solían decantar en su alma. Vivía tejiendo y destejiendo ilusiones en su mente. Nunca llevó realmente las riendas en su vida desde que llegó a este nuevo lugar… en cuanto recibía desde la distancia un pedacito de color, una chispita de afecto, ella se encargaba de magnificar y fomentar esa miguita hasta que su corazón explotara de rabia por lo que no podía tener.
Ella al fin se levanta de la cama temprano. Camina para llegar a tiempo, se arregla y pinta en su rostro la mejor de las sonrisas, esa que nace desde adentro de su corazón, esa sonrisa verdadera que pensaba imposible. Enciende un cigarrillo y apenas unos instantes después de apagar la colilla, mientras aún el humo hace formas en el aire espeso, se da cuenta que la felicidad está finalmente golpeando su puerta. Ya no siente que las palabras se le confunden en los labios y ni que todas las cosas que hay en el camino se le cruzan a propósito delante de sus pies. Ya no tiene miedo de no lograr emitir ningún sonido coherente, ninguna secuencia de palabras más o menos entendible.
Hoy, finalmente de pie y orgullosa de si misma, ella quisiera disparar mil preguntas y ametrallar la realidad con palabras, para sentir que es capaz de dejar la cobardía a un lado, para pararse erguida y satisfecha sobre su propia fortaleza; esa que siempre había añorado, esa que se usurpó a si misma cuando decidió que aquella cascada de dolor aflorara de su interior. Esa fortaleza que las lágrimas atoraron, esa que le sofocaba los sueños, esa que definitivamente pudo hacer resurgir cuando asumió que su corazón y su vida le pertenecían solo a ella. Esa fortaleza que ese día, cuando le arrebataron la sonrisa dejando el vacío, creyó que también había perdido.
Esta vez las palabras entremezcladas correctamente se chocan unas contra otras, como peleándose para salir de adentro de su boca. Finalmente se sobrepuso a aquel momento de desvarío, vuelve a ser ella y comienza, indefectiblemente, a hablar sin parar. Respondiendo una a una, las preguntas con las que se disparó a si misma durante meses.
Quizás fue solo un momento de debilidad, quizás no fue nada. Pero ese montón de nada, para ella, fue lo más importante que le pasó en la vida. Darse cuenta que no tenía sentido seguir arrastrándose entre las ruinas fue lo mas significativo, por el simple hecho de haberla hecho entender y aprender muchas cosas… porque la felicidad no empieza en la felicidad del otro sino dentro de uno mismo y en cambio, es la tristeza que empieza adentro nuestro termina en el otro. Lo mejor que podía hacer para despegar esas lágrimas de los ojos de quienes la quieren era levantarse y empezar a caminar. Comprendió que ahora puede disfrutar del sol porque se destapó los ojos y está dispuesta a ver su resplandor.
Hoy, al volver a casa, por fin siente que ese nudo que le ataba los sentimientos y le contenía las sensaciones, se ha desatado. La cadena de esta historia encontró aquel eslabón que estaba perdido.
Es imposible recomponer el vidrio quebrado, pero lo que si se puede hacer es conseguir otro y ponerlo en su lugar.
Empezar de cero, es la consigna que ella intenta divulgar. Empezar de cero, es posible.
Amiga del alma, esta carta es para vos, te la dedico de nuevo… y te quiero mucho!!
Hace ya 18 años que vi esa nena con cara de asustada entrar junto a la directora en el aula de 3° grado A y quien sabe porqué casualidad del destino, el único banco libre que quedaba era al lado mío.
Que orgullosa me sentí ese día, la seño no solo me había sentado con “la nueva”
sino que me había pedido de acompañarla a todos lados hasta que se sintiera segura como para andar solita.
Y fue así que me tomé al pie de la letra eso que la señorita Adriana me habìa dicho.
Y fue así que sin proponerme nada,
desde aquel momento, mi vida, mi historia, mi camino no fueron nunca mas solamente míos.
Las cosas que cada una tenía en su mochila del pasado se mezclaron, se confundieron hasta trasformarse en un único todo. Porque cuando el destino acerca en ese modo la vida de dos personas,esas personas quedan unidas por un hilo tan invisible como resistente, que puede ser tan largo como kilómetros separen las dos presencias a las cuales pertenece un hilo que une los dos extremos de las almas, un hilo que va de lado a lado del camino. Un camino que elegimos recorrer día a día, paso a paso,juntas.
Un camino lleno de lucecitas de colores y mariposas, de juegos y de locuras, de secretos y confesiones. Un camino lleno de tropezones y de caídas, de sorpresas y de cosas sabidas.
Adornado con guirnaldas de risas y empapado con océanos de lágrimas.
Un camino repleto de sueños tuyos, sueños míos, sueños compartidos.
Un camino con historias que inventamos juntas, historias que borramos para siempre e historias que nos quedaron a medio escribir.
Un camino que recorrimos con mucha gente a nuestro alrededor, aunque a veces nos pareció estar tan solas.
Un camino en el cual también tuvimos la suerte de encontrar otras personas especiales, personas que nos acompañaron y nos acompañaran siempre…
Un camino con amores que nacieron, amores que duraron un solo día y otros que duraron una eternidad. Amores que murieron, que nos dejaron heridas, que se perdieron con el viento o que no olvidaremos jamás. Y un amor come este de ustedes, hoy con una promesa hecha para toda la vida.
Un camino que no siempre fue fácil, no siempre fue soleado, no siempre fue lleno de flores.
Un camino que, cada una a su modo, trató de seguir recorriendo, aun en esos momentos en los que nos perdimos de vista, en esos momentos en los que una iba mas rápido que la otra en ese momento, en el que el mismo destino que nos sentó juntas el día que nos conocimos, nos obligó mas tarde a tener 10000 Km. di distancia y un océano entre nosotras.
Y seguimos adelante, para así darnos cuenta de que aunque no camináramos una de la mano de la otra, aunque no pudiéramos mirarnos a los ojos para compartir la felicidad sin necesidad de palabras, aunque no pudiéramos recibir un abrazo cuando estábamos por ponernos a llorar, aunque no pudiéramos terminar de crecer y empezar a ser adultas juntas.
A pesar de todo eso, ahora, ahora que ya crecimos, ahora que nuestras vidas tomaron diferentes direcciones, ahora … tenemos que estar todavía mas seguras, de que a pesar de todo, el camino sigue siendo el mismo, siempre aquel que un día empezamos a recorrer, siempre el nuestro.
Y hoy estoy contenta, estoy emocionada porque finalmente todos aquellos sueños que tenías
se están haciendo realidad, porque aunque no los estoy viendo … me parece ver igual ese brillito en sus ojos,ese brillo que solo aparece cuando el corazón está tan lleno de felicidad que desborda.
Y a veces, estando lejos nos enfrentamos a ciertos momentos en los que el sol se apaga y las estrellas no se quieren encender. Momentos en los que querrìamos detener el reloj, cerrar los ojos y no despertarnos hasta que el corazòn no empiece de nuevo a latir… Porquè es solo un momento de debilidad, es solo una noche empapada en tristeza….
Esta noche no hay nadie que me abraza
Esta noche no hay estrellas, porque no quiero verlas.
Esta noche quisiera pedirle a la luna que se esconda, porque su caprichoso brillo me molesta.
Esta noche no me quiero dormir, porque no soportaría volver a soñar con lo que hoy no tengo.
Esta noche es una más de tantas, una más de tantas empantanadas entre la soledad.
Esta noche me duele en todo el cuerpo, en toda el alma.
Esta noche daría lo que no tengo, lo que no puedo dar… solo por escuchar aunque sea un eco de aquella voz conocida.
Esta noche me maldigo a mi misma por pensar que podía sobrevivir lejos .
Esta noche puedo tener todo lo que se necesita, todo lo que alcanza.
Pero esta noche me hace falta algo más.
Esta noche me hace falta justo eso que, aunque quiera, no puedo tener.
Esta noche, todo aquello que en algún tiempo tuve me hace falta, demasiada falta.
Y no me queda otra alternativa, guardaré conmigo este deseo secretamente en mi corazón por el resto de mi vida…por el resto de esta noche.
Porque mañana serà otro dia, mañana habrà un nuevo amanecer lleno de rayitos de sol que me entibiaràn el alma.
A quien corresponda, a quien se quiera sentir identificado, a vos que sabes bien quien sos… Con un cigarrillo en la mano, música lenta de fondo y la cabeza llena de recuerdos me siento delante de la computadora para escribirte a vos después de tanto tiempo. Me basta imaginar tu sonrisa serena para sumergirme en un mar de nostalgia inexplicable. Se me pone la piel de gallina al recordar todas las sensaciones que sentía al tenerte al lado mío. Tantas risas cómplices, tantos dulces secretos, tantas lágrimas derramadas, tantos abrazos inmensos, tantos silencios insoportables, tantas miradas cargadas de sentimientos contradictorios. Nos sucedieron demasiadas cosas en tan poco tiempo, demasiadas como para poder soportarlas. Hay veces que me venís a la mente y me pregunto come hubiesen sido nuestras vidas si no me hubieras arrancado de tus días, si no me hubieras condenado a esa distancia así de inflexible, así de dolorosa, si no me hubiera ido. Si no me hubieras hecho sentir el universo vacio, ese universo que me tragaba, cada dia un poco mas, en un eterno terremoto… sin dejarme ni siquiera apoyar los pies en la realidad. No quiero hacerte reproches… es solo que me hace bien recordar todo lo que despertaste en mi, lo bueno y lo malo… lo lindo y lo doloroso…
Vos que eras mi todo… mi cielo estrellado y mi sol, vos me dabas la fuerza para seguir viviendo, vos me regalaste la esperanza de seguir creyendo en que, quizás, la felicidad podía cruzarse en mi camino. Vos eras todo pero ese todo no fue suficiente para los dos. Mi amor no era suficiente faltaba el tuyo.
Se que la mayor parte de la culpa fue mía… nadie puede obligar a otro a querernos mas de lo que nos quieren! Pero yo no entendía razones, ni excusas, ni explicaciones. Eso que sentía por vos me tapaba los ojos, me enceguecía… No era un capricho, era simplemente la inmensa necesidad de sentirme querida, el gran anhelo de sentirme parte del corazón de otra persona.
Te amaba tanto… sabes una cosa? Me costó mucho volverme a enamorar con la misma intensidad, con la misma perseverancia. Quizás porque mi corazón tiene memoria y no quería reabrir aquellas lastimaduras que, por suerte, ya cicatrizaron. Hoy queda solamente una imagen grabada en mi mente, casi en blanco y negro, porque con el tiempo y las làgrimas los colores se fueron desvaneciendo, una imagen y el sabor de aquellos besos, una imagen y el calor de un abrazo, una imagen y un baul de recuerdos cerrado a llave, con doble candado.
Dicen que lo que no nos mata, nos hace mas fuertes… y tienen razón. Si me vieras ahora no se si llegarías a creer que aquella chica llena de inseguridad, miedos y soledad, que aquella chica que caminaba despacio para no dejar huellas, que aquella chica que se refugiaba entre tus brazos para no sentirse tan vulnerable, que aquella chica y yo… somos la misma persona.
Porque siento finalmente de haber madurado. Era hora, no?. Aunque a veces todavía me viene esa angustia que me rebalsa y me pongo a llorar por las cosas inexplicables de la vida… por las cosas inexplicables del amor. Pero mis lágrimas tienen otro sabor, porque se bien que cuando pase la tormenta lograre nuevamente ponerme de pie para seguir en mi búsqueda de la felicidad. Lo pude hacer una vez y eso quiere decir que no es imposible. Porque las lágrimas purifican, diluyen la incertidumbre, los abismos, la rabia. Hace bien llorar… sabías?Y tu vida? que será de tus días ahora? a quién le dedicaras canciones? cuales serán los nuevos sueños que tendrás en la mente?
Ahora, acabo de encender otro cigarrillo y mientras lo hacía comencé a nadar de nuevo en lo profundo del mar de los recuerdos… Se me escurren las palabras. No tengo nada mas que decir, ni que reprochar, ni que pedir… mas de lo que ya te dije, de lo que ya te reprochè, de lo que ya me diste.
Me basta saber que lo fundamental, lo esencial no se destruyó ni con las discusiones, ni con el dolor, ni con la distancia. La esencia aun está en mi corazón y pienso que, aunque sea, en un pedacito minúsculo del tuyo también se encuentra. Todavía y por siempre quedara entre nosotros ese afecto enorme, esa soga de recuerdos que todavía nos une aunque no nos veamos, esa soga que aunque pasen los años no se va a cortar porque la atamos con mil nudos, al menos yo lo hice ( y si vos no lo hiciste, no me lo digas… déjame al menos creer que es así )
Esta vez, una carta dedicada a Sa… mi otra hermanita del alma…
Alguna vez te diste cuenta de la suerte que tuvimos?
Suerte, de haber tenido cada una un camino por recorrer. De llegar mas tarde a descubrir que nuestros caminos estaban destinados a cruzarse A hacerse uno solo durante muchos años. Durante casi una vida. Suerte, de que a pesar de los golpes a los que la vida nos enfrentó… tuvimos la capacidad como para coordinar nuestros ritmos, combinar nuestros altibajos y poder caminar una al lado de la otra, sin apresurarnos, sin desistir, sosteniéndonos, cada vez que una se cansaba, dándonos fuerza, cada vez que una tenía intención de abandonar, alegrándonos de los regalos que cada una, en momentos diferentes, recibía.
Suerte de ser tan diferentes y de encontrar en eso el misterio de poder complementarnos,
de poder sorprendernos, de ser capaces de cubrir esos espacios vacíos que la otra tiene con eso que justamente es lo que a la otra le sobra, de enseñarnos lo que nos hace falta para sobrevivir en esta histérica vida que nos da y nos saca según como a ella se le da la gana.
Suerte de conocernos hasta lo mas hondo del alma, hasta lo mas profundo del corazón,
hasta los rincones mas oscuros y de ser capaces por eso, de adivinar con una simple mirada el mas mínimo secreto, el mas pequeño detalle.
Suerte de estar una al lado de la otra, ni un paso atrás, ni un paso adelante. Unidas hasta en el último aliento, hasta en el latir apresurado de los corazones. Unidas, compartiendo hasta el aire que teníamos para respirar . A veces renegando de los que nos tocaba, a veces quejándonos de las invasiones que sufríamos, a veces discutiendo por opiniones encontradas pero sabiendo, desde y hasta siempre, que una vez que comenzamos a transitar este caminito complicado, lindo y extraño, no podríamos ni querríamos separarnos nunca mas, ni aunque el mundo explotara, ni aunque se cayera el sol, ni aunque la vida terminara… Separarnos nunca.
O así creíamos…. Pero la vida nos jugó una carta diferente, diversa a las que teníamos entre las manos, diversa a las que creíamos que íbamos a tener… Pero pudimos superar esto también, pudimos comprender, aun con un dolor inmenso, que la distancia que nos separaría físicamente, no podría existir objetivamente nunca entre nosotras porque existe una cadena invisible que comienza en tu corazón y termina en el mío. Una cadena larga, larga que jamás se corta, que no nos deja distanciarnos mas de lo que ella tolera, que nos mantendrá unidas por todo el tiempo, por todo el espacio… siendo siempre una parte de la otra, siempre sintiendo en la propia piel lo que a la otra le sucede, siempre llorando las mismas lágrimas y riendo las mismas risas.
Alguna vez te diste cuenta de la suerte que tuvimos?
Suerte de saber que tarde o temprano llegaremos a la misma meta porque lo que nos une no es un capricho del destino sino una elección. La elección de nunca haber preferido un desvío en nuestra carrera. De nunca habernos escapado de lo que se nos presentaba., de nunca habernos dejado influenciar por cosas ajenas, de nunca habernos confundido con falsos claroscuros. La elección nuestra y solo nuestra, de no haber creído nunca que lo que nos unía era cuestión de obligación.
Alguna vez te diste cuenta de la suerte que tuvimos?
Suerte de poder encerrar en una sola persona a…Una amiga, una confidente, una compinche
una compañera, una hermana. Y es por eso que hoy, Recién hoy… después de que apareciste como un arco iris desarmando mi rutina, enredando mis pensamientos, desordenando mis sentimientos, me pregunto y te pregunto .Me respondo y te respondo: Todavía no termino de comprender la enorme suerte que tuvimos, tan inmensa como para aplacar cualquier otra cosa que pueda suceder sobre la faz de la tierra… y digo mas, no creo que sean muchas las personas que puedan tener en su poder un tesoro así de gigante y así de hermoso como esto que tantas veces no supimos valorar por tontas, por conformistas, por ser, todo esto, ya parte de nuestra vida diaria…
Ahora, decime vos, alguna vez te habías dado cuenta de toda la suerte que tuvimos, tenemos y seguiremos teniendo por los siglos de los siglos?
En la vida siempre debemos recorrer diversos caminos, en diversos momentos…
Algunas veces nos encontramos con un camino bien delimitado y con la señalización adecuada ante cada situación de riesgo… pero obviamente, llega un punto en el que los límites nos fastidian…
y nos quejamos.
Algunas veces debemos transitar caminos desconocidos y que por eso se tornan aun mas complicados. Pueden ser sinuosos, rodeados de abismos profundos y el peligro nos da miedo, la diversidad nos da miedo, la novedad nos da miedo…
y nos quejamos.
Algunas veces estamos obligados a recorrer caminos angostos, que suben y bajan y esa sensación de inestabilidad nos hace sentir mal, nos desconcierta…
y nos quejamos.
Algunas veces nos topamos con un camino que, para nuestra incomodidad, tiene una sola mano y en él estamos obligados o a arriesgar sin pensar o a dejar a otros pasar antes para guiarnos o a retroceder y hasta desviarnos…
y nos quejamos.
Algunas veces nos encontramos con caminos lujosos, impecables, iluminados y hasta extravagantes pero la luz nos enceguece…
y nos quejamos.
Algunas veces son demasiado rectos y previsibles, esos que “se manejan hasta con los ojos cerrados”, esos que por lo general, llegan a aburrirnos…
y nos quejamos.
Incluso cuando encontramos ese camino anhelado, ni muy sinuoso, ni muy recto. Ni muy previsible, ni con demasiadas sorpresas. Un camino bastante fácil, con los limites suficientes y con la certeza de que va hacia la meta donde deseamos ir, hacia el horizonte que deseamos alcanzar…. Incluso en ese momento nos quejamos, ponemos excusas: que el cansancio nos agobia, que la distancia es mucha, que el tiempo no nos alcanza. Y nos quedamos varados en la banquina, creyendo que nuestras quejas son ciertas, que nuestras excusas son validas, que somos dueños de la razón.
Entonces detenemos el paso.
El tiempo pasa. Las distancias cada vez parecen mayores.
Hasta que un día nos cansamos de esa pasividad, y decidimos retomar el viaje. Pero para ese entonces, el camino que era ideal ha dejado de serlo, se ha deteriorado. Por eso, le echamos la culpa al cansancio que en aquel momento nos agobió, a la distancia que se agrandó (?), al tiempo que no quiso alcanzar… nos volvemos a sentar en la banquina,
Esperando que alguien nos encuentre y se ofrezca para alcanzarnos a algún lado, y seguimos esperando
Y al volver
a mi querida ciudad contaré
a los amigos que un día dejé
esta aventura simple.”
(Vine hasta aquí)
Después de muchas vueltas y un viaje de dos horas llegamos.
De a poquito empezamos a ver esas caras desconocidas pero amigas, camisetas y banderas pasan como figuritas adelante de nuestros ojos y en el aire se respira una sensación extraña. Mezcla de emoción y nervios, de ansiedad y alegría.
Que locura! Escuchar después de tanto tiempo esos cantitos de cancha, la gente del lugar que pasa por la calle mirando, sin entender quienes son esta multitud de locos, sentir el olorcito al fernet con coca y los argentinos que vienen de toda Italia cansados pero con una sonrisa de oreja a oreja.
Es hora de entrar y hay cosas que en este momento para nosotros no tienen precio.
Descubrir que estamos a un metro del escenario, saber que nuestros Piojos tienen en cuenta a los argentinos que estamos lejos y nos quieren hacer este regalo, saber que en unas horas el lugar va a explotar de alegría…
Somos solo 300 almas, pero multiplicadas por la cantidad de Km. que nos separan de casa y por los años que hace que no vivimos un momento así, tenemos energía de sobra. Es difícil explicar lo que se siente, cuando estando tan lejos, aun por elección, sentís la gente que canta con la boca y el corazón : Argentina… Argentina… Ese calorcito que, aunque sea por un par de horas , te hace sentir de nuevo en casa.
Y las luces que se encienden, ver a Los Piojos ahí, estirar la mano y llegar a tocarlos, sentir que cantan mirándote a los ojos, saber que están en ese lugar solamente por unas pocas personas pero que hacen el recital con toda la fuerza y las ganas como si fuéramos millones. Cantar, cantar y cantar. Escuchar el himno nacional tocado con la armónica, dejando escapar una lagrima. Gritar con todas las fuerzas. Cantar todavía mas. Saltar hasta que nos duelen los pies. Quedar abajo de una lluvia de cerveza y reírnos porque no nos molesta. Codazos, empujones y golpes que te hacen sentir como en los viejos tiempos. Cosas que no sabíamos de extrañar, cosas que sin saber por qué no nos fastidian mas. Y no querer que termine, desear con todo el corazón que este momento dure una eternidad, querer mas y mas. Tratar de aprender de memoria las canciones nuevas y cantar con toda
la voz aquellos recuerdos inolvidables, ver pasar muchas imágenes por tus ojos cuando escuchas esa marathón de acordes, abrazarte con gente que no conoces, pedir una mas y escuchar esa canción todavía mas emocionado, porque sabes que es la ultima. Querer que el momento del saludo final no llegue nunca. Recibir una púa en la mano directamente de sus manos, llevarte como recuerdo la lista de los temas que tenían pegada hasta hace un minuto en el piso del escenario. Salir del local cantando, mirándonos alrededor como para ver si todos están tan felices como nosotros. Subir al auto con los oídos que chiflan y el corazón lleno de satisfacción. Mirar las fotos que sacamos una y otra vez, como para convencernos que todo fue real. Caer rendidos del sueño con la sonrisa en los labios porque fue una noche única … una noche que no sabemos si alguna otra vez se podrá repetir.
Saber que en todo este tiempo no importó si éramos fans de Los Piojos, fans del rock nacional o fans de nada. Importó solamente que estábamos todos unidos por un denominador común: Argentina.
Porque todos criticamos lo que tenemos y extrañamos lo que está lejos, es una regla lógica, tan lógica como empezar a valorar las cosas solo cuando las estamos perdiendo. Gracias por tanto de todo!
Soy Florencia. Desde hace mas de 7 años vivo en Italia. Tuve la posibilidad, por suerte o por desgracia depende del humor del día, de irme de mi país, de mi Argentina. Estando lejos se vive en un mar de sensaciones contradictorias. Cada día es un nuevo amanecer, cada día amanece con una nueva pregunta, cada pregunta se queda flotando en el aire sin encontrar una verdadera respuesta.
Escribo desde siempre, desde que tengo memoria, sobre todo para expresar esas cosas que con mi voz no logro decir. Espero que este blog me pueda dar la posibilidad de compartir todo que tengo desde hace tiempo encerrado dentro mi. Gracias!
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