Despedida
Diariamente hacia el mismo camino, las mismas calles, las mismas casas, pero nunca presté demasiada atención a todo eso, siempre de prisa, siempre en mi mundo.
Pero ese día era distinto, era el último que haría ese camino, el de mi barrio, aun lo siento mío, en mucho tiempo.
Crucé la plaza lentamente, prestando atención al ruido de las hojas secas bajo mis pasos, al trinar de los gorriones, al húmedo olor de la tierra después de la lluvia, por primera y última vez crucé y miré la plaza de mi barrio.
A esa hora, eran las 12.30, sonó el timbre de salida de la escuela y todo se llenó de algarabía, risas, carreras y voces infantiles, de pronto me vi envuelta en una bandada de palomas blancas volando de aquí para allá.
Reparé en la casa de la esquina y el grabado en el vidrio de la puerta, es curioso que nunca lo hubiera visto, estaba el viejito de siempre sentado en la entrada escuchando la radio, y por primera y última vez lo saludé
-Hola- dije cortésmente
-Hola mìja, hoy no vas tan apurada como siempre- respondió con amabilidad
-No, hoy no abuelo- se me cortó la voz
-Suerte mìja- y siguió con su mate y su silencio.
Subí al colectivo, pagué con mis últimas monedas y guardé el último boleto, el conductor me sonrío por el espejo y le devolví la sonrisa.
Todo el trayecto fui mirando por la ventana con los ojos bien abiertos para no perder detalle de mi ciudad.
Paré un taxi
-Hola, al aeropuerto-
-¿A dónde viajas?- preguntó curioso el chofer
- A España-
-¡Ah! Mirá que lindo- y se enfrascó en una charla de euros, pesos, piquetes, y en la radio sonaba un tango, sentí ganas de gritarle que se calle y apague la radio, me mordí los labios y callé, mi último tango en Buenos Aires.
Empezó a lloviznar persistentemente, todo se puso gris, húmedo y gris como la tristeza que embargaba mi alma.
Cruzamos el obelisco, la última vez que lo haría en mucho tiempo, quería atesorar cada detalle, cada olor, porque la memoria también guarda los olores.
Ya no podía desandar mis pasos, repisar el camino andado, no era hora de volver atrás.
La nostalgia me invade cada tanto, cierro los ojos y vuelvo a caminar por las calles de mi barrio, saludo a la gente, cruzo la plaza, aspiro los olores, cada día me cuesta mas volver, recordar, los aromas se pierden entre el moho y los olores madrileños, que aun no forman parte de mi bagaje emotivo, pero están ahí, son parte de mi vida ahora.
Llueve en mi alma hoy, como la tenue llovizna que me despidió de Buenos Aires e impregnó mi alma de humedad y tristeza.
Adriana GL-2008
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la verdad adriana me hicistes erizar la piel, me hicistes poner la piel de avicola,…jeje que lindo y que triste a la ves, pero bueno de eso se trata la vida, me gusto mucho lo que lei… la verdad me siento que soy yo, es tristes ver como te despedis, de la gente que te ama, la gente que te vio crecer, te vio jugar, ese barrio tan lindo, el arbol de la esquina, la casa de la esquina donde te juntabas con tus amigos/as, en fin todo eso que da en el olvido y ya nada es igual, ya nada ni nunca sera igual, para entonces todo habra cambiado, todo sera distinto ese arbol ya no estara, esas amigas crecieron la igual que vos, y ya no estan quizas alguna partio y esta muy serca tuyo, ya uqe la vida hizo que ella tambien partiera, y que lindo volver a encontrarse, que lindo….la verdad si me pongo a esccribir adriana estoy un dia porque me encanta escribir…te dejo mis besossss y la verdad que he encontrado un amigo cibernetico.
nunca cambies,,
besosssss