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Erika, la versión chilena de Eluana: profesora lleva 10 años inconsciente

Por Paulina Salcedo G.
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“Un curita me dijo un día: “Ella es un ángel que te acompaña y tú tienes que estar con ella…”.
Tenuemente se escuchan las profundas palabras de Carlos Abarca en una de las salas comunes de Neurología del Hospital del Salvador.
Los quejidos de los enfermos y la alarma intermitente de una bomba de infusión inundan el lugar y resuenan, como telón de fondo, a la sentida confesión de Carlos, un motorista de Carabineros retirado hace 4 años de la institución policial.
Hace calor y las seis pacientes de la sala dormitan. Una de ellas transpira profusamente, mientras un pequeño ventilador intenta refrescar el ambiente.
Carlos saca una pequeña peineta de su bolsillo y, con delicadeza, comienza a cepillar los desordenados cabellos de Erika Sotelo, su esposa desde hace 27 años, pero desconectada de este mundo desde hace 10.
El lo hace con cariño, pero ella parece no darse cuenta. Tiene la mirada perdida, su rostro se desfigura a ratos como si sintiera algún dolor o malestar, y mantiene sus manos recogidas. Cierra los ojos, y luego los vuelve a abrir, en un ritmo sin sentido de sueño y vigilia.
Hace exactamente diez años que la conciencia de Erika vaga en otra parte.
Vidas paralelas pero muy distintos destinos
El 3 de marzo de 1995, por culpa de una supuesta negligencia médica, ella quedó en “estado vegetativo persistente”.
Desde ese día “en que todo se rompió” –como dice Carlos–, sus únicos cables a tierra son una sonda gástrica, por la que recibe los alimentos y líquidos que la mantienen viva, y un pequeño tubo que se asoma por su pecho –una traqueotomía–, que le permite respirar.
Erika es compañera del dolor, a la distancia, de Terri Schiavo, la mujer estadounidense que ha protagonizado el debate ético y judicial sobre el derecho a la vida más descarnado de los últimos tiempos.
A ambas las une la inconsciencia desde hace más de una década, y también el depender vitalmente de una pequeña manguera que llene de nutrientes sus desgarbados cuerpos.
Sin embargo, sus vidas corren por carriles completamente opuestos.
Erika, la Terri chilena, sigue alimentándose y tiene a su lado a su incondicional marido.
Terri, en cambio, hace seis días que no recibe alimentos porque su esposo consiguió en los tribunales que lo autorizaran para sacarle la vital sonda y así poder dejarla morir.
“Ella tenía un mal presentimiento”
A Erika Sotelo le encantaban los niños y así se los hacía sentir a sus alumnos de la escuela diferencial de Erasmo Escala con Libertad.
Era de carácter fuerte –”le gustaban las cosas correctas”–, y gozaba con la música clásica.
Con Carlos, motorista de Carabineros que durante muchos años fue escolta del almirante José Toribio Merino, tuvieron un hijo, Carlos, que era su regalón y con el que partía al cine a ver las películas de moda.
Fue en noviembre de 1994 que comenzó a tejerse su dolorosa historia.
Erika tuvo que internarse en el Hospital del Salvador “para hacerse un raspaje porque tenía miomas”, recuerda su esposo.
Todos pensaron que el problema había quedado resuelto, pero las persistentes hemorragias que ella sufría alertaron a los médicos, quienes indicaron que lo mejor era extraerle el útero.
La fecha de la operación se fijó para el 3 de marzo de 1995.
“Días antes, ella estaba inquieta y decía que tenía miedo de quedar en estado vegetal. Tenía un mal presentimiento. Yo le dije que eso era imposible, que se quedara tranquila y que tuviera confianza de que todo saldría bien”, cuenta Carlos.
La intuición de Erika, desgraciadamente, no falló. Y así lo supo su marido cuando lo llamaron urgente del hospital avisándole que algo grave le había pasado a su esposa.
Mientras le suministraban la anestesia, ella sufrió un paro respiratorio que, junto con dañar gravemente su cerebro por la falta de oxígeno, la dejó en estado vegetal para siempre.
“Me dijeron que había sido algo fortuito, pero después, indagando, supimos que hubo problemas y ahora esto es materia de una demanda ante la justicia. Yo creo que le pusieron una sobredosis de anestesia”, comenta Carlos.
Desde ese día, Carlos y su hijo abrigaron la esperanza de que Erika volviera de ese largo viaje.
“Todos los días esperábamos que ella volviera de su estado inconsciente. Los doctores nos decían que tal vez volvería. Pero, con el tiempo y ahora después de 10 años, comprendimos que esto era irreversible”.
“Nunca le he fallado”
“Cuando le doy un beso y la rozo con el bigote, se ríe. También cuando le hago cosquillas. Y si llego a verla y me pongo a conversar con las enfermeras, se inquieta, como si me escuchara. Pero no puedo decir que alguna vez me haya apretado la mano, comenta con resignación su marido”.
Todos los días, en la mañana y en la tarde, Carlos visita a su mujer.
La peina, le conversa al oído y le hace cariños. También le lleva los pañales, remedios y aceites para hidratar y masajear su piel y así evitarle las temidas escaras. Ya sufrió una muy grave durante el primer año que estuvo internada, pero después ha andado bien.
También la mamá de Erika va todos los días al hospital. Y ambos se turnan cuando alguno quiere tomarse unos días de vacaciones.
Ella nunca queda sola.
“No lo hago por obligación, sino porque así lo siento. Nunca le he fallado y siempre he estado con ella, llueva o truene. Si Erika tiene que partir algún día, creo que me sentiré tranquilo de haber cumplido con ella. Uno tiene que estar en las buenas y las malas, y ésta es la mala que nos tocó.
Familia demanda $300 millones de indemnización
En la Corte de Apelaciones está el caso de Erika Sotelo.
Su familia, a través del abogado Tomás Zamora, interpuso una demanda civil en contra del Servicio de Salud Oriente –del cual depende el Hospital del Salvador– por “falta de servicios”. El 13º Juzgado Civil de Santiago falló el 26 de diciembre de 2001 a favor de la familia y condenó al servicio a pagar $30 millones por daños morales.
Sin embargo, los parientes de Erika apelaron pues esperan una indemnización de $300 millones.
También se entabló una querella criminal por negligencia en contra de los médicos que la atendieron, pero el caso no prosperó y se sobreseyó temporalmente.
Según los antecedentes del abogado Zamora, hubo fallas de procedimiento durante la aplicación de la anestesia. “Cuando el anestesista se dio cuenta de que a Erika le faltaba oxígeno, comenzaron las maniobras, pero se demoraron 15 minutos en intentar intubarla. Hubo cuatro intentos en circunstancias que, según las recomendaciones médicas, si al segundo no resulta, se debe hacer un procedimiento de emergencia, como una traqueotomía. Finalmente, producto de no haber recibido oxígeno durante 15 minutos, ella quedó en estado vegetal”.
El profesional añadió que “mientras no esté a firme el fallo respecto del servicio de salud, lo mínimo es que por ética el hospital mantenga a Erika con los cuidados médicos que corresponden”.
“A Michael Schiavo le diría que hable con Dios”
El caso de Terri tocó profundamente al esposo de Erika. Acaba de juntarse con sus ex compañeros de Carabineros y conversaron mucho sobre la similitud de estas dos mujeres que, viviendo a miles de kilómetros de distancia, comparten el mismo sufrimiento.
La radical diferencia es que Carlos Abarca jamás se ha planteado la posibilidad de cortarle el alimento a Erika.
“Nunca –dice enfático–. Sería terrible pensar en algo así. Es como matar a una persona. Ella está existiendo, tiene su corazón bueno, está respirando y lo que estamos haciendo es alimentarla. Sólo Dios sabe hasta cuándo vivirá. Nadie tiene el derecho de quitarles la vida a los demás. Sólo Dios dice “hasta aquí llegamos”.
Y añade que “tampoco me he planteado que Dios se la lleve para tener una vida más tranquila. Si tengo que cuidarla y gastar lo que sea, lo seguiré haciendo y no es algo que me duela. Siento la satisfacción de que ella está bien y que no le falta nada”.
Carlos, al igual que el marido de Terri Schiavo, también rehízo su vida sentimental.
Hace seis años que tiene una nueva pareja que ha sabido entender los abnegados cuidados que él brinda a Erika.
Ella sabe que “es imposible que me olvide de Erika. Ella tiene que entender qué es lo primero y sé que si a ella le hubiera pasado algo similar, también habría actuado como yo”.
Por lo mismo, no entiende la postura del esposo de Terri, Michael Schiavo.
—¿Qué le diría a él, habiendo vivido usted en carne propia lo mismo?
“Que hablara con Dios. Que tuviera un raciocinio como persona, no como animal. Porque él está actuando con su mujer como si fuera un animal, cortándole el agua para poder matarla. Si quiere liberarse de Terri, que lo haga, pero no de esa forma. Que la entregue a sus familiares para que la mantengan, y que él se vaya. Creo que eso es lo mejor y no hacer un escándalo mundial con esto porque el que queda mal parado es él, nadie más”.
El dilema médico en dos enfoques
Los especialistas chilenos coinciden en que la situación que vive la norteamericana Terri Schiavo es una “de las más complejas” a que se ve enfrentada la medicina.
Director UC: La duda
El director del Hospital Clínico de la Universidad Católica y médico intensivista, Alberto Dougnac, señala que en marzo del año pasado el Papa Juan Pablo II zanjó el tema al anunciar que la “nutrición y la hidratación están definidas como el cuidado básico y ordinario (que se le debe brindar a un enfermo) y, por lo tanto, son moralmente obligatorios”.
El que remueve esta alimentación “incurre en una eutanasia por omisión”.
Dice que brindar este soporte básico va más de allá de la voluntad de una persona. “La muerte está en el plano de la moral y ésta va más allá de la voluntad individual”.
Explica que un paciente que sufre este tipo de patología “puede presentar miles de complicaciones que requieren algún tipo de intervención. Está en juzgar la proporcionalidad de esas intervenciones las que puedan determinar el futuro del paciente”.
En Chile “no nos vamos a enfrascar en una discusión si se le alimenta o no. No hay duda en que hay que alimentarla, cuidarla, asearla. La duda estaría en si el paciente hace una complicación mayor lo debo llevar al hospital, lo debo operar, lo debo conectar a un respirador artificial. Estos son los problemas que a nosotros como chilenos se nos plantean”.
Decano de la U: “Cualquier posición es legítima”
“Este es un caso muy complejo. Cualquier posición a favor o en contra es igualmente legítima”, dice el decano de Medicina de la Universidad de Chile, Jorge Las Heras.
Pacientes como Terri, en estado vegetativo irreversible, que llevan 15 ó 20 años conectados, suelen dejar de ser resorte de los médicos y pasan prácticamente a depender de la familia, o parte de ella, que les mantienen los medios de sostén y alimentación, sostiene.
Una situación como ésta tiene componentes humanos, éticos y económicos, plantea. “Mantener una persona 15 ó 20 años en un estado irreversible tiene un costo que no es menor para la familia e incluso para el Estado”.
Hasta ahora lo que más se acepta con este tipo de enfermos “es brindarle las condiciones mínimas de agua y alimento. Y no darle ningún apoyo si desarrolla una neumonía o un cuadro médico adicional”. (Patricia Schuller)
Similitudes y diferencias
Terri lleva 15 años en estado vegetal y Erika Sotelo 10 años.
Michael Schiavo, esposo de Terri, peleó en los tribunales para poder cortarle la alimentación que la mantiene viva. A Carlos Abarca, marido de Erika, jamás se le ha pasado por la mente.
Terri quedó vegetal a consecuencia de una dieta que le bajó bruscamente el potasio. Erika, en cambio, fue por un paro respiratorio mientras la anestesiaban para operarla del útero.
En ambos casos se presume negligencia médica.

Eutanasia: La Falsa Piedad

Desde siempre se ha considerado a la muerte como aquello que les sucede a los otros, argumento con el que los hombres, de algún ingenuo modo, intentaban atenuar la angustia ante la certeza del inevitable fin de la vida. Pascal decía que “no habiendo podido los hombres remediar la muerte, han decidido no pensar en ello”.
Por cierto que la posmodernidad llega con su propia manera de responder al interrogante de la muerte. La novedad de la época consiste en banalizar las grandes cuestiones del hombre para las que carece de respuesta. Lo trascendente es considerado como insignificante, trivial o, peor aún, ridiculizado.
Cualquiera de nosotros, todos los días, a cada momento, asiste a más muertes que las sucedidas en cualquier campo de batalla de la Primera Guerra. Podrá tratarse de hechos reales o muchas veces ser imágenes de ficción; lo cierto es que ahí esta la muerte representada como un dato, no más importante que un café o un viaje en subte.
Cargada de nihilismo, parte de la filosofía actual apunta contra el hombre. Tal el caso del francés Gilbert Simondon, cuando dice: “Lo artificial es lo específicamente humano”. O el de Peter Sloterdijk, que da la bienvenida a la “domesticación y cría de seres humanos” y al hombre “autodesechable”. La posmodernidad acepta este antihumanismo al pensar que –la frase es de Claude Levi Strauss– “el hombre no es más que una cosa entre las cosas”. “Ya que –continúa el belga– se trata de resolver lo humano en lo no humano”. En este marco de sinsentido absoluto, quedan atrapados los defensores de la eutanasia. Para ellos, el hombre es “la cosa” que sufre, es cierto, pero que, en vez de generar una actitud de comprensión y ayuda, de alivio de su angustia, de atenuación de sus sufrimientos y dolores da lugar a la falsa piedad de la muerte. La solución, nos dicen, estaría menos en el auxilio del próximo sufriente que en matarlo.
En veredas opuestas, Víctor Frankl, que había padecido un campo de concentración decía: “Créame que no abandoné un momento la convicción de que la vida tiene un sentido en todas las condiciones y circunstancias y lo seguirá teniendo hasta el final”. El Papa Juan Pablo II, por su parte, escribe: “Por eutanasia se debe entender una acción u omisión que, por su naturaleza y en la intención, causa la muerte con el fin de eliminar el dolor”. “Confirmo, dice el Papa, que es una grave violación de la ley de Dios. Que conlleva, según las circunstancias, la malicia propia del suicidio o del homicidio”.
La dignidad única e irrepetible de cada hombre es su ser propio y este es el acto primero constitutivo de la persona, lo más perfecto en toda la naturaleza. Ni las personas con algún deterioro intelectual o capacidades diferentes ni los ancianos ni los débiles ni aquellos que se hallen en cualquier otra condición de vida, por más crítica o precaria que esta sea, pierden esa dignidad máxima e inviolable de persona.
“El programa de eutanasia de Hitler no se fraguó –dice en otra parte Victor Frankl– en un ministerio nacional socialista, sino que estaba ya preparado en los escritorios y en las aulas de escritores y catedráticos nihilistas que siguen existiendo y que envenenan con su propio sentimiento de absurdo de la vida”. El hombre, en la era de la tecnociencia, que dispone de impresionantes recursos para atenuar el dolor y acompañar al que sufre, parece, por el contrario, recibir con alegría los viejos pedidos, que ya hacía Plinio para los afectados de úlceras gástricas y también Napoleón en Siria, quien, al ver los sufrimientos de sus soldados enfermos de peste, propuso al médico militar que les diera una rápida muerte. Este respondió: “General, los médicos estamos aquí para sanarlos, no para matarlos”. En Italia y en el mundo se comenta la situación en que vivió, hasta hace unas horas, Eluana Englaro. Esta joven mujer, a la que se retiraron todos los medios extraordinarios de soporte vital, siguió con vida hasta el lunes, recibiendo como único apoyo real, nutrientes y agua.
Para la nueva piedad, esta circunstancia, que en poco difiere del trato que habitualmente reciben los niños más pequeños, o los muy ancianos, etc., configura una forma de vida inaceptable y la multitud, contra viento y marea, pedía matarla, cerrando los tubos por donde le llegaba el agua. Nadie podría negar que se trataba de una situación crítica y sumamente triste, pero si para no ver el dolor, para que “triunfe” nuestra idea, todo lo que podíamos hacer por Eluana en nombre del progreso era hacerla morir de sed, estamos verdaderamente mal.
Porque, hasta hace unos días, por lo menos, Eluana estuvo bien cuidada, pero niños y adultos en condiciones desesperantes de enfermedad, hambre, miseria y, sobre todo de abandono, encontramos hoy en cientos de poblaciones africanas, en China, en India, en nuestra América toda, en Añatuya, Formosa, Chaco, en el gran Buenos Aires. ¿Qué harán el mundo y nuestro país con ellos? Probablemente, como no tienen prensa, los dejarán en la estacada. Y de alguna absurda manera, tal vez sea lo mejor, porque, de ser consecuentes con sus teorías, cuando les resulten intolerables, dirán que tienen derecho a morir “dignamente” y obrarán en consecuencia.
En tanto, perplejos, asistimos al debate mundial, agua sí, agua no, que decidiría el futuro de esta mujer. Al mismo tiempo que nos muestran una hermosa foto con el rostro de Eluana, una parte de la humanidad, como en el circo romano, le bajó el pulgar, en nombre, eso sí, de los derechos humanos. Es una caravana que alegremente pide la muerte de otra persona, como si dispusiera del control de la vida de los otros y de la dosificación del sufrimiento: hasta acá se sufre, más allá, está permitido matar.
El bíblico “no matarás”, en lo sucesivo, deberá leerse como jamás matarás osos panda, ballenas, leopardos, etc. en lo referido a los hombres. Y, si es por una “causa buena”, todo bien, se puede conversar. Por qué no aventurar, llevando al extremo los argumentos eutanásicos utilizados en este caso, que, si por algún extraño sortilegio, a pesar de negarle algo tan elemental como el agua, esta joven hubiera continuado con vida, el próximo paso debería habría consistido en impedirle que respirase. Quitémosle primero el agua; si fracasamos, seguiremos con el aire.
De este modo, habría que incorporar también la asfixia como uno de los nuevos elementos de la terapéutica médica de la posmodernidad y re-entrenar a médicos y enfermeras en el delicado arte de hacer morir de sed y de hambre y aun de asfixiar a los pacientes que algún tribunal o ministro o diputado, muy piadosamente, ordenen matar.
Claro que llama la atención que quienes juraron defender la vida se presentasen en Italia como “voluntarios” para esta ejecución. No parecería exagerado reflexionar que sus vocaciones estarían más cercanas a las de verdugos que a las de médicos.
Hasta hemos leído en algunos medios que “morir de sed es una de las muertes más dulces”, o también que, en este caso, el aporte de agua y nutrientes constituyen recursos desproporcionados. Es cierto que al médico se le plantean hoy cuestiones filosóficas para las que claramente no está preparado, pero incluir al agua como recurso “desproporcionado” nos habla de los abismos de necedad adonde puede caer la ciencia que, sabiéndolo o no, adhiere a las corrientes del antihumanismo.
Llegará así la eutanasia a través del caso excepcional. Luego, quedamente, agregarán, como tantas veces en la historia, razones económicas, raciales, religiosas, políticas, etc. de modo que alguno, en el Estado que todo lo controla y decide, del que tenemos ciertas noticias, nos informará su decisión acerca del momento y la forma de nuestra muerte o de nuestros prójimos, en nombre de un cinismo estremecedor y de la piedad más cruel y más falsa.
El Dr. Miguel De Lorenzo reside en Buenos Aires.

LA SAEMB REPUDIÓ EL ASESINATO DE ELUANA ENGLARO

La Sociedad Argentina de Ética Médica y Biológica (SAEMB), sociedad civil independiente fundada en 1980, rechazó una vez más todas las manifestaciones de la cultura de la muerte y repudió enérgicamente el asesinato de Eluana Englaro.
En un comunicado firmado por los Dres. Aldo Ravaioli y Juan José Dal Lago la entidad afirmó que se trató de un homicidio calificado, llevado a cabo con premeditación y alevosía, y ejecutado con la complicidad de varios partícipes.
Cuestionaron expresamente: El pragmatismo del nuevo paradigma de la salud -que se rige por criterios de costo/beneficio- “Eluana no producía y ocasionaba gastos”. Y el ecologismo -que desconoce jerarquías y orden en la Creación-. Tras reflexionar sobre el cuidado que hoy se prodiga a especies animales y vegetales se preguntaron “¿es menos el hombre que el resto de los seres vivos del planeta?”.
Los facultativos dudan, además, de que se haya tratado de eutanasia pasiva, por la rapidez con que se produjo la muerte de Eluana.
Al rematar el comunicado rechazaron el encarnizamiento terapéutico y todo tipo de eutanasia, asegurando que en casos como el de marras sólo son lícitos los cuidados paliativos.
Nota: Sobre el caso Eluana Englaro recomendamos la lectura de Una falsa piedad, un artículo del Dr. Miguel Ángel de Lorenzo que publicó hoy La Nueva Provincia.
fuente: Notivida

Familia de Terri Schiavo expresa su profundo pesar por muerte de Eluana Englaro

La familia de Terri Schlinder Schiavo, la estadounidense que falleciera por habérsele suspendido la alimentación e hidratación a pedido de su esposo Michael tras 13 días de agonía, expresó su profundo pesar por la muerte de la italiana Eluana Englaro, quien solo pudo resistir 4 días desde que se siguiera el mismo proceso con ella, a pedido de su padre Beppino en la clínica La Quiete, en Udine.
En una breve nota de prensa, el hermano de Terri Schlinder Schiavo, Bobby, comentó que “tristemente la muerte de Eluana nuevamente nos recuerda las palabras del Papa” Juan Pablo II quien afirmaba que “debemos salvarnos de hundirnos en una ‘cultura de muerte’“.
Bobby Schlinder dijo además que “quitarle (a Eluana) su alimento y agua –su cuidado más básico– para que se muriera, tiene que ver necesariamente con nosotros y lo que vamos a hacer para cuidar a quienes necesitan nuestro amor y compasión para vivir“.
La familia, que tras la muerte de su hija creó la Terri Schlinder Schiavo Foundation para ayudar a personas como Eluana, alienta a todos a la oración por el alma de esta joven italiana.
De otro lado, la agencia AICA dio a conocer una carta que Bob Schlinder le envió hace unos días a Beppino Englaro, el padre de Eluana, en la que le pedía recapacitar sobre su decisión de acabar con la vida de su hija. “Se parecerá a un documental sobre los campos de exterminio nazis. No quiero que nadie más muera de esta manera“, afirma.
Yo he sido testigo de este tipo de ejecución y le puedo asegurar que es falso” lo que algunos dicen sobre este tipo de muerte cuando afirman que no causa dolor.
Esta muerte, añadía Bob, es la “más dolorosa que un ser humano pueda experimentar. Esta es la razón por la que siempre se lleva a cabo en la más estricta reserva, lejos de testimonios y grabaciones“.

Murió Eluana Englaro en clínica La Quiete

Fatal desenlace
A las 20:10, hora local, murió víctima de la eutanasia practicada desde el viernes con la progresiva suspensión de la alimentación e hidratación, Eluana Englaro, la italiana de 38 años que desde hace 17 estaba en estado de coma.
Tras cuatro días desde que se iniciara la suspensión de la hidratación y alimentación; y en medio del debate de una ley que podría haberla salvado, con todo el país centrando su atención en ella, Eluana Englaro falleció en la clínica La Quiete en Udine.
Según indica el diario La Repubblica, al conocer la noticia luego de una llamada telefónica, Beppino Englaro, el padre de Eluana, señaló: “sí, nos ha dejado. Pero no quiero decir nada, quiero más que nada estar solo“. Como se recuerda, el Sr. Englaro fue quien solicitó se le retirara a su hija la alimentación e hidratación hasta causarle la muerte. Fue también él quien llevó desde Lecco a Udine a su hija para que la sometieran a la eutanasia que ha acabado con la vida de Eluana.
La confirmación de la muerte de Eluana Englaro llegó de la Presidente de La Quiete, Ines Domenicali: “está muerta, no sabría decir la hora, no me pregunten otra cosa“. Mientras tanto, en las afueras de este recinto adonde llevaron a Eluana retirándola del cuidado de las hermanas de la Misericordia de Lecco quienes se habían ofrecido a hacerse cargo de ella, cerca de 200 católicos que estaban reunidos rezando por Eluana oran ahora por el alma de esta mujer.
Fueron muchos los pedidos, comunicados y exhortaciones, para que no se acabara de esta forma con la vida de esta joven mujer, en un caso que los promotores de la eutanasia han empujado para sentar un precedente que permita más adelante despenalizar esta práctica anti-vida en Italia.
En este caso, la opinión de los italianos apoyaba en un 70 por ciento la eutanasia de Eluana Englaro. Debido a la cobertura del vaticanista Sandro Magister y del diario del Episcopado italiano, L’Avvenire, esa situación cambió dramáticamente. El diario Corriere de la Sera dio a conocer hoy, el mismo día de la muerte de esta mujer, que esa cifra se redujo a menos del 50 por ciento.
fuente: ACI Prensa
Desde el grupo Actitud: Jóvenes Pro-Vida deseamos a Eluana que descanse en paz, y elevamos una oración a nuestro Señor Dios pidiendo por su alma, y misericordia a los que promovieron este triste desenlace.

Actitud: Jóvenes Pro-Vida