Posts etiquetados como ‘valores’

Ojalá que los futuros periodistas…

Ojalá que los futuros periodistas se rebelen.

Ojalá que a pesar de enfrentarse a un escenario complicado intuyan que hoy el periodismo es más necesario que nunca y sean conscientes de que los medios, engolfados con el politiqueo, están ignorando esas historias anónimas que definirían el extraño momento que estamos atravesando.

Ojalá que no sean cínicos, que ejerzan una crítica implacable contra esos personajillos que desde hace tiempo inundaron las pantallas y no han servido más que para sembrar la creencia de que es legítimo ganar dinero sin hacer el mínimo esfuerzo.

Ojalá que no sean mansos y no se dejen arrastrar por esa corriente venenosa que consiste en acudir a las ruedas de prensa para tomar nota sin rechistar.

Ojalá que sean tan honrados como para desconfiar del político que les paga un viaje convirtiéndoles en parte de su corte.

Ojalá que entiendan que el mejor periodista, en contra de la práctica tan habitual en España, es el que se mantiene lejos del poder, no el que alardea de estar en la pomada.

Ojalá que defiendan la dignidad de su oficio y que aspiren a ser profesionales y no eternos amateurs.

Ojalá que tengan el amor propio necesario como para dar más de lo que se les pide, y que no lo hagan por el medio sino por ellos mismos.

Ojalá que entiendan que en esta situación económica que va a cambiar la vida de varias generaciones es necesario darle voz a los olvidados y sólo un buen periodista puede hacerlo.
Dada la precariedad del empleo, la docilidad es tentadora, pero ojalá que no sean dóciles, porque al margen de la invasión de los opinadores, que de manera gratuita exaltan (exaltamos) los ánimos de los ciudadanos, nos hace falta información.

Ojalá que haya una nueva generación batalladora que demuestre que el periodismo sigue
vivo, que a lo mejor los que estamos un poco muertos somos nosotros.

Elvira Lindo
19/05/2010 diario El País – España

Claves: periodismo, poder, política, ética, valores, principios

Ver más» http://blogsdelagente.com/acrostico/2008/5/3/directorio
Contacto» acrosticox@yahoo.com.ar

Familias divididas y chicos sin futuro

London Field es un área en el pobre Hackney, que los altísimos precios de la propiedad en Londres han transformado en “chic” y a la moda. En la cuarta noche de disturbios y saqueos, el barrio fue defendido por los kurdos, que recuperaron los instintos de cuando debían huir de los gases dictatoriales de Saddam Hussein en Irak. A palos y con barras de hierro recuperaron sus habilidades tribales y protegieron sus negocios de Kebbabs y sus casas de los ataques de sus vecinos, una tercera generación inglesa de negros caribeños y blancos británicos, que incendiaban todo, como si no los conocieran. “Solo consiguieron quemar un autobús y un auto. Nos salvaron los ‘turcos’ de los negros, que son completamente británicos y robaban junto a los blancos.

Ninguno de ellos trabaja, todos dependen de la seguridad social , tienen bandas, que se unieron para asaltar”. La brutal descripción es de Sylvina Steffano, una argentina diseñadora gráfica, que vive en Hackney.

Históricamente, Londres sufrió violentas erupciones de violencia racista donde un elemento o una injusticia actuaba como detonador. Esta vez podría atribuírselo a la muerte de Mark Duggan, un vecino de Tottenham, a quien la policía disparo el sábado pasado porque creía que tenía un arma. Pero las evidencias han dejado al desnudo que él no disparó, sino que la policía actúo preventivamente por que lo creía armado.

¿El drama? Esta vez no es el racismo. El fenómeno es mucho más inquietante y no está solo relacionado con la situación económica, los recortes del gobierno de la coalición, su obsesión con reducir dramáticamente su déficit del 12 por ciento del PBI a cualquier costo, aún con estas dramáticas consecuencias. La violencia y, especialmente, los inéditos saqueos en Londres, son el espejo de la desintegración social británica, la implosión social de los más pobres sin futuro, la desjerarquización de la familia en la estructura de la sociedad, el odio a la autoridad en una juventud que ha crecido sin límites, y a los inmigrantes, a quienes consideran que les roban el trabajo que debería ser para ellos. Un largo proceso que comenzó con el post–thatcherismo y que en los saqueos tuvo a los inmigrantes que llegaron a Gran Bretaña como víctimas directas e indefensas.
La desindustrialización thatcherista que transformó a Gran Bretaña en una economía de servicios dejó miles de desheredados, ignorados y mudos. Al menos dos generaciones de esta franja tienen un padre que nunca trabajó e hijos que no tienen trabajo y, probablemente, jamás lo conseguirán a futuro, cuando el 19% de los jóvenes entre 18 y 26 años está desempleado. Todos vivían –hasta los recortes presupuestarios– del seguro de desempleo y los beneficios sociales en esos complejos municipales, que son la olla a presión británica.

Los hijos perdieron el respeto a los padres, desempleados y sin autoestima. Los divorcios y abandonos familiares se multiplicaron. Las familias uniparentales de madres solteras o abandonadas son mayoría frente a la familia tradicional en los “estantes”. Gran Bretaña se convirtió en el país europeo con el mayor índice de embarazos adolescentes. El abismo social ya no es “dickensiano”, como en los tiempos coloniales.

Creció sordo, con otras características, otra estética, otra moral pero en ebullición, en medio de una enorme bronca. Mientras, las diferencias sociales dividían a los pobres de los ricos, con una ridícula cultura de “Celebrity” mediática como aspiración de vida a imitar y “reality shows” como salvación y garrocha de la respetabilidad social, en una sociedad estratificada por la muy victoriana visión de clase. En los saqueos, los jóvenes elegían qué boutique asaltar, qué ropa llevarse, hasta se probaban el talle de zapatillas o descartaban aparatos electrónicos para elegir el mejor televisor plasma o la última computadora. Después, destruían lo que no podían llevarse, en un ataque a la sociedad de consumo a la que aspiran y no pueden pertenecer. Las imágenes no mostraban una rebelión social, sino una escalofriante revancha consumista, sin el menor valor reivindicativo o arenga alguna.

“Cuando mi hijo británico cumplió 16 años en Londres, no quería sentarse a comer en la mesa con nosotros. ¿Por qué tengo que comer en la mesa, si mis amigos no lo hacen?, se respondía. Como buena argentina, corrí a la psicoterapeuta londinense, que me observó como si yo fuera del Opus Dei. ¿Por qué usted tiene estas costumbres tan católicas?”, me preguntó. “No sabe que cuatro de cada cinco familias británicas no comen en una mesa sino con una bandeja frente al televisor y el 70% solo se encuentran una vez al mes, así vivan en la misma casa?”, dijo la Dra. Owen.
La tradicional vida familiar británica, el diálogo interfamiliar, la autoridad de los padres sobre los hijos se ha evaporado, para ser reemplazado por ASBOS (órdenes judiciales por mala conducta) y servicios sociales. Recién ahora, la sociedad ha comenzado a ver que deberán rescatarla de las cenizas si quieren reconstruir lo que cuatro noches de saqueos, violencia, xenofobia y falta de solidaridad han dejado a la luz.

Por: María Laura Avignolo – PARIS, CORRESPONSAL
Clarín Jue 11-08-2011

Notas relacionadas:
Delincuencia juvenil
Menores y Responsables
Minority Report
Saña feroz
Huir hacia la calidad

Literatura/Filmografía relacionada: 1984, Brazil, Rebelión en la granja, Mundo feliz, La naranja mecánica, Hijo del Hombre, The Wall

Claves: familia, valores, María Laura Avignolo, ASBOS, fascismo

Más»

La ética o la eficacia

“Después de muchos meses, Melina P. no puede olvidar el episodio que terminó tan mal.
El asunto empezó cuando incorporó una secretaria por recomendación de su anterior jefe, a quien respetaba profundamente por su idoneidad. La nueva empleada era casi un familiar de aquél, ya que se trataba de la novia de su hijo.
La referencia para Melina resultaba sólida, sin duda.

La joven era amable y eficaz y se fué convirtiendo en amiga y empleada, pero poco a poco comenzó a demostrar otras aristas menos positivas. Aunque tenía excelentes aptitudes para desempeñar sus tareas, no siempre se ubicaba bien frente a los otros, tendiendo a destacarse por cualquier medio, incluidas algunas mentiras o tergiversaciones.

Un día, Melina la descubrió firmando unos papeles en su nombre. Conversó con ella y le explicó que, en esa empresa, dicha práctica no estaba permitida.
Se trataba de una multinacional donde existía un ‘controller’ que supervisaba cada uno de los procedimientos administrativos. Para agregar mayor claridad Melina le advirtió que un acto de tal naturaleza podía costarle el puesto de trabajo.

A pesar de la observación, la nueva secretaria autorizó en nombre de Melina el pago de varias facturas y fué despedida. Pero la cuestión no terminó allí. Diez días después llegó un mail, dirigido a las máximas autoridades de la empresa explicando que la secretaria firmó aquellas acatando ordenes directas de Melina.

Así, quedó trunca una carrera que había construido con mucho esfuerzo, porque ella también fué despedida.
Luego de varios intentos por comunicarse con su anterior jefe, hubo de desistir porque se negó a atenderla. Más tarde se enteró que el padrino pudo reubicar a la novia de su hijo dentro del mismo grupo empresario.

Melina concluye:
“Entonces me dí cuenta de que nadie es brillante si carece de respeto por los otros, de valores y principios de bien” “

Podría decirse -con socarronería cruel y el perdón de Melina- que su sorpresa es similar a la del niño que descubre que los Reyes Magos son los padres.
Sin embargo, pone el dedo en una llaga importante, que se enmascara con ahinco.

¿La eficacia laboral está por encima de la ética o es al revés?

La respuesta inmediata es que ambas virtudes deben ir juntas. El problema se presenta cuando este paralelismo ideal no se cumple y hay que elegir por una de las dos cualidades.

Supongamos que por razones presupuestarias o de mercado hubiera que confeccionar una lista para reducir personal. Deberá actuar allí un criterio sobre el otro, cuando no coincidan.
Ante tal dilema, los dirigentes deben tomar partido sobre la empresa que quedará. Podrá componerse de una mayoría de buena gente o eficaces sin escrúpulos.

En esos momentos, los prejuicios pueden tomar por asalto las decisiones y descartar a la buena gente privilegiando a los eficaces por supuestas razones de supervivencia.
La idea subterránea es que la ética no suele proveer los resultados deseados.

Con idénticos mecanismos y opciones se construye la sociedad que vivimos.

Diario La Nación 11-04-2004
Por: Jorge B. Mosqueira
Especial para La Nación

Claves: eficacia valores ética hipocresía traición interés bullying mobbing “Jorge Mosqueira”

Ver más>>