Vidas tomadas
Como en ‘Feos, sucios y malos’, magnífica pintura costumbrista de Ettore Scola, la situación socioeconómica que padece el país desde hace mucho, pese a los sucesivos gobiernos ‘populares’, aumentó la radicación en el Conurbano y luego en la Capital misma, de indigentes y desocupados de las provincias en busca de un paliativo. También por inmigrantes eyectados de un infierno peor quienes ingresaron al país con pasmosa facilidad.
Por otra parte, aventureros e inescrupulosos tomaron la política con el objetivo de enriquecerse, adquirir poder, perpetuarse todo lo posible y a cualquier costo. Civiles o militares, en el nombre de Cristo, Marx o el ‘mercado’, con ideologías cambiantes según las conveniencias, mucha ambición y poca ética. La declinación en todos los ordenes fue cambiando nuestras vidas.
Los pobres llegaron solos, de a dos o en familia. Empezaron por asentarse tomando terrenos vacíos. Surgieron las Villas. Tomaron la luz, el gas y el cable. Luego tomaron casas y edificios. Nadie los educó o instruyó ni les ofreció alternativas ni los sancionó. Los usaron y se dejaron usar. El tiempo, los sucesivos ajustes y las drogas degradaron todo. Con el tiempo, hubo que mudarse.
Las Veredas que nos permitían jugar, charlar con nuestros vecinos, sentarnos a ver pasar la vida a la sombra de los árboles, disfrutar de la fiestas colectivas, conocer a una pareja, dar nuestro primer beso, ahora son tierra de nadie donde no conviene estar a ninguna hora pues corremos peligro de asalto, acoso, secuestro o … muerte. Por eso, vivimos encerrados.
Los Parques y Plazas con cuidadores donde concurríamos despreocupadamente a disfrutar y que jueguen nuestros hijos, ahora son espacios donde debemos constantemente controlar todo, pertenencias y chicos. También hay que estar atentos a no recibir un pelotazo del lugar menos esperado, esquivar a motos por los caminos peatonales, las miasmas de los perros, restos de basura, botellas de cerveza rotas, cestos reventados, jeringas y profilácticos usados, linyeras durmiendo y otras delicias de la vida moderna. Agradeciendo además, si encontramos un bebedero con agua, asiento sano donde poder descansar y que los juegos para chicos estén en condiciones de uso. Por eso, vamos menos y sufrimos.
La Bicicleta que nos acompañó desde la infancia hasta la adultez para trabajar y pasear, solos o en grupo, hoy no se puede usar en las calles a ninguna edad por los riesgos de todo tipo. Salimos en grupo o no las usamos.
Los Barrios obreros y de viviendas económicas que permitieron una vida digna décadas atrás se convirtieron en residencia de muchas actividades fabriles irregulares y aguantaderos de mafias, sicarios y delincuentes. Mayores y menores. Hasta las denominaciones populares son gráficas a este respecto. Ej: Fuerte Apache. Hoy, nos encerramos o cerramos los ojos.
Las Escuelas y Colegios públicos que nos formaron y recordamos con orgullo y nostalgia, declinaron y ahora frecuentemente son escenarios de violencia y actos de vandalismo. Además, los chicos se inician en el sexo, alcohol, tabaco y paco. Las autoridades y maestros no son respetados ni por los padres. Además, se prohiben los repetidores lo que asegura un descenso constante en el conocimiento promedio de los alumnos. Por eso, si podemos, buscamos las privadas. También lo hacen los Maestros y Profesores.
Las Canchas de fútbol y Clubes donde concurrían las familias a disfrutar una puja deportiva y los adversarios circunstanciales luego se encontraban para departir amigablemente, se convirtieron en zonas de combate y comercialización de droga. Los hinchas ahora son ‘barra bravas’, los adversarios son enemigos y cualquier excusa es suficiente para la violencia verbal y física, dentro y fuera de la cancha. Miramos por televisión, si nos dejan.
La Radio que nos informó, distrajo y ayudó a pensar durante tanto tiempo con profesionalismo y decoro, lugar de programas en vivo con público, ahora está poblada por cómicos que conducen, locutores de dudosa seriedad, chillidos y risas, efectos especiales, imitaciones de mal gusto, procacidad, improperios y música estridente. Apagamos o bajamos el volumen.
La Televisión abierta, otrora de un excelente nivel, fue invadida por programas de dudosa calidad con la excusa del ‘público masivo’. Reality-show, Talk-show, Gran Hermano, ‘mostrándonos’ por un sueño y otros insisten en el tema del sexo y la promiscuidad como una obsesión, hombres y mujeres se exhiben semidesnudos, proliferan cómicos de procacidad garantida, chismografía barata, traiciones e infidelidades como gran información. No son para educar ni instruir a nadie. Usamos cable, si podemos, o no miramos.
Antes, salir a pasear con el Auto era la oportunidad para disfrutar de paisajes lejanos y la tranquilidad. Hoy debemos correr de aquí para allá pues de lo contrario somos un obstáculo. También hay que estar alertas, poner trabas en el volante y en todas las puertas, usar vidrios polarizados, tener alarmas y otros adminículos pues los ‘locos’ y los delincuentes andan sueltos y podríamos ser la próxima víctima. Hoy, manejamos lo indispensable o no tenemos auto.
El Tren, los vagones con olor a madera, el guarda, la locomotora, sus silbatos y vapores, todo recuerda a algo agradable, amable y profesional. Hoy, la suciedad, el ruido, los asientos y vidrios rotos, la desconfianza mutua entre los pasajeros, la plaga de vendedores ambulantes uno tras otro, la aglomeración, la falta de guarda y seguridad, las mujeres acosadas, las idas y vueltas de hinchadas y pandillas, el vía libre para punguistas y otros amigos de lo ajeno convierten a cada viaje en un tormento de estrés asegurado. Por eso, no viajamos, vamos más temprano o volvemos más tarde.
La Música, pese a las posibilidades técnicas de la electrónica como Samplers, órganos, efectos, software para componer y otros, no ha avanzado mucho. Por alguna razón se vuelve a la música de décadas anteriores. Una y otra vez: ReMixed, ReMasterized, Que vuelvan los lentos…bla,bla. Hoy, nos refugiamos en los viejos LP y cassettes, los ‘oldies’.
Las Discotecas y Bailes donde concurríamos en grupos bulliciosos, ilusionados por conocer a una posible pareja o bailar apretados con el ‘lento’ de moda nos llenaron de recuerdos felices. Hoy se convirtieron en pistas de competencia gimnástica con música rítmica a todo volumen, personas bailando solas o en grupo, tomando energizantes o excitantes, libando hasta la extenuación y colapsando en shocks etílicos, vómitos y enfrentamientos entre ellos o con las custodias. Todo muy ‘cool’, si aguanta el físico. Por esto, bailamos en casa o no lo hacemos.
El Policía o Vigilante, aquel que conocíamos de chicos pues siempre estaba cerca de nuestra casa, merecedor de nuestro respeto y confianza ha desaparecido tragado por la corrupción a todo nivel. Ahora se preocupan más por obtener favores, voluntarios y de los otros, del vecindario y en ciertos casos, actuando un doble rol. Eso sí, ‘al servicio de la comunidad’. Hoy preferimos no tener que llamarlos.
Los Hospitales, otrora orgullo del país, donde se formaron miles de profesionales, algunos destacados internacionalmente, algunos con premio Nobel, donde atendían todo tipo de pacientes del país y del extranjero, hoy languidecen desde todo punto de vista. Corrupción, falta de insumos, mantenimiento edilicio y de la infraestructura, atraso técnico, falta o degradación de los cuadros al no haber incentivos económicos y profesionales más otras epidemias los diezmaron. Si podemos, contratamos una prepaga.
El País fue destino de esperanza y salvación para millones de personas desde fines del siglo 19. Desde 1930 la decadencia moral, política y social se ha acentuado dramáticamente. Pese a los logros económicos de los que se ufana cada gobierno de turno, esta marea sigue creciendo sin cesar. Hoy, los que desean vivir en paz y trabajar dignamente están acorralados por la delincuencia de todo nivel. Hoy, el que puede, se va.
Paraíso para pudientes, los fuera del sistema y de la ley.
Argentina avanza. Nosotros, estamos en retirada.
Nuestras vidas están siendo tomadas.