La “promesa” del lehendakari del Pais Vasco
Me parece correcto que, si es ateo, el nuevo lehendakari del Gobierno del País Vasco se haya abstenido de jurar su cargo invocando a Dios, con la mano sobre la Biblia. No tiene por qué participar en un ritual que para él no conlleva significado alguno. El problema es que el tradicional juramento – que para los creyentes es vinculante – no puede ser sustituido por una mera “promesa” en nombre del Estatuto de Gernika. El que apela a Dios de testigo sabe que nada puede escaparle a la omnisciencia divina, y que está en juego su alma; es más que imprudente involucrar a Dios en un juramento para luego mentirle descaradamente. En cambio las constituciones – y ni siquiera la del País Vasco es una excepción – no son más que documentos inertes que no saben nada y no tienen capacidad intrínseca para hacer fe. Tanto más da jurar con la mano sobre el Estatuto de Gernika o un horario de trenes. Difícilmente Tomás Moro se hubiera dejado ejecutar si Enrique VIII sólo le hubiese exigido una promesa en nombre de la Carta Magna.
El juramento que invoca a Dios es la piedra angular del edificio jurídico. Si los ateos lo descartan (y si no les cabe la menor duda sobre la inexistencia de Dios, ¿qué remedio les queda?), nada puede reemplazarlo, y el único riesgo que correrá el mentiroso es que le descubran la mentira. Si la verdad no te conviene, y sabés de antemano que no te pueden pescar, mentí tranquilo nomás.
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