30/10/08
El día más largo del exilio
POR MARIA SEOANE
Fue el día más largo del exilio. Porque el 30 de octubre de 1983 comenzó antes, el 29, con una vigilia de cientos de nosotros, que habíamos tenido el honor de recibir el generoso asilo de México, donde se nucleaba el exilio más numeroso de la Argentina. Desde los días previos a la elección, habíamos organizado en la Casa Argentina de Solidaridad (CAS)- así se llamaba ese hermoso lugar en el barrio de San Ángel del distrito federal, cedido por el presidente mexicano Luis Echeverría en 1976 – una marcha hacia la sede del consulado argentino. Habíamos decidido ir a manifestarnos para festejar lejos de nuestra casa el fin de la dictadura. Fuimos envueltos en banderas argentinas, con nuestros documentos de identidad para certificar que no habíamos podido votar por estar lejos. Festejamos ese momento no sólo con cánticos sino también con lágrimas. Lloraban todos de emoción: nuestros hijos, los empleados del consulado, los transeúntes mexicanos… El exilio se terminaba; la nostalgia, el peso de ser extranjero llegaba a su fin. Lo sabíamos y la excitación por el regreso a la patria marcaba cada una de nuestras charlas entonces. Por la tarde se organizó un centro de cómputos en la casa argentina, que por entonces presidía el escritor y crítico Noé Jitrik, ayudados por una radio sueca enorme que había prestado otra asilada y recién llegada a México desde Estocolmo, y en la cual ella había escuchado en las heladas tierras del gran Strinberg “la voz de los camioneros”. Todo el exilio se dio cita esa tarde allí hasta la madrugada en que las urnas dieron el veredicto del triunfo de Raúl Alfonsín. Allí estaban Jitrik, Tununa Mercado, Mempo Giardinelli, Marcelino Cereijido, Silvia Bleichmar, Jorge Bernetti, Adriana Puigróss, Enrique Oteiza, David Viñas, Liliana Felipe, entre otros cientos de intelectuales y científicos y periodistas y artistas. Sentíamos allí la solidaridad de cientos de amigos mexicanos, de Elena Poniatowska, Carlos Monsiváis, el gran Juan Rulfo, que acompañaban de cerca o de lejos ese momento histórico. Recuerdo cada uno de los minutos que pasaron desde que se inició el recuento de votos en la Argentina y el resultado final en aquella sala atestada de la casa argentina: muchos peronistas lloraron; otros guardaron silencio; los que festejamos el triunfo de Alfonsín entonces también guardamos silencio por respeto a los perdedores. Pero todos festejamos al final: sabíamos que, a partir de ese momento los argentinos, gobernara quien gobernara, tendríamos un pacto civilizatorio tan importante como la Constitución: el Nunca más. Teníamos que guardar en la memoria la memoria de los que no estaban. Sabíamos que más temprano que tarde sólo en la democracia podría llegar un luminoso día de justicia, como llegó.

ahora tambien somos unos cuantos los exiliados por el producto de “la democracia”.
esta democracia que no para de generar oportunidades……..para los abogados y politicos, y esta democracia que defiende los DDHH………..de los delincuentes.
basta de chamuyo, este sistema en el contexto de la sociedad argentina demostro que no funciona, y para que asi sea van necesitarse varias generaciones.