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La encrucijada de los talles

Nos tiene que quedar claro que lo que vemos en la pasarela es un espectáculo, y por ende una fantasía. Y como cualquier fantasía nos da la posibilidad de volar un poco con la imaginación, pero ya queda en nosotros mismos si queremos volar demasiado alto y estrellarnos contra la luna, o si, después de fantasear un rato, decidimos volver al planeta tierra y seguir con nuestra vida.

Digo esto porque mucho se ha hablado y se habla sobre el modelo de mujer que representan para las adolescentes y mujeres jóvenes las modelos de pasarela, con su 1.80 metro de estatura y sus 50 kilos de peso (sobre todo en Europa, ya que en América Latina las modelos tienden a ser un poco más bajas y más pulposas en general). Entiendo que la adolescencia es difícil (¡si lo sabré yo!) y que los chicos buscan desesperadamente referentes, pero pensar que la figura de las modelos repercute negativamente en la juventud me parece demasiado.

Lo que sí me preocupa, y mucho, es ir a ver ropa y encontrar que varios locales (sobre todo los que tienen ropa para jovencitas y a precios más accesibles) manejan un Talle Único. ¿Cómo puede ser que un vestidito medianamente ajustado se venda como talle único y me quede perfecto a mí, que mido 1.50 m y peso 43 kilos? ¿Cómo puede ser que un talle único esté pensado para una liliputiense como yo y no para un cuerpo femenino de dimensiones más reales?

El tema de los talles es un verdadero descalabro: en algunas marcas tienen talles con números (empiezan con el 36 o el 38, y a veces con el 34, y con suerte llegan al 42 o 44), otras se manejan con S–M-L, y en el mejor de los casos agregan el XL. En fin, el 38 de una marca me queda bien y el 38 de otra me queda chico. No hay un criterio único, y por otro lado se entiende que debería haber tantos talles como personas hay en el mundo, ya que no hay un cuerpo igual al otro… Y en el medio de toda esta bataola, tenemos a chicas deprimidas (y también hombres) porque no encuentran talle para ellas dentro de la moda que se usa, y para las cuales salir a comprar ropa es una verdadera tragedia, en lugar de una actividad placentera (que es lo que queremos incentivar desde este blog).

Supuestamente, desde diciembre de 2005 entró en vigencia (en la provincia de Buenos Aires y luego en otras provincias del país) la ley 12.665, conocida como la “Ley de Talles”, la cual obliga a todos los fabricantes de ropa de “mujer adolescente” a contar con seis talles: 38-40-42-44-46 y 48. No compro en provincia, así que desconozco si esto se está cumpliendo, pero la realidad fue que los fabricantes y comerciantes se quejaron ante esta normativa, aludiendo que se fabrica sólo lo que se vende, y que las que necesiten talles grandes tienen que ir a casas que se dediquen especialmente a ello. Así y todo, si se respetaran los seis talles que exige la ley, ¿qué pasa con los que tienen cuerpos diminutos inferiores al 38 o un cuerpo lo suficientemente voluminoso como para necesitar talles superiores al 48? Hay veces que las diferencias entre un talle y otro son mínimas.

¿Y qué hacemos con las mujeres que tiene pies pequeñitos de Cenicienta o con las que calzan 41? Mi Dios, qué difícil que se torna todo para algo tan imprescindible como vestirse. Y no queremos entrar en polémica con la situación de la industria textil en la Argentina (que según Benito Fernández, en un reportaje a TN hace algunas semanas, “está desvastada”), porque no tenemos una base sólida de conocimiento sobre el tema y porque la discusión daría para varios posts.

Aquí lo que nos importa es que cualquier mujer, sea como sea y tenga el presupuesto que tenga, se sienta aunque sea más o menos bien a la hora de vestirse. Pocas llegan a sentirse diosas, pero aspiramos a estar conformes y cómodas. Por suerte están apareciendo marcas con lindas y modernas propuestas en talles más grandes (como Portofem, por citar una), y ojalá sea este sólo el comienzo. También hay una tendencia a usar materiales que se adaptan al cuerpo, como el modal o el jersey, que permiten que las flacas y las robustas encuentren más opciones. Otra tendencia es la de usar ropa grande y cómoda (debemos el post sobre el nuevo volumen en la moda), que a una pequeñita como yo le da volumen, mientras que a una gordita le disimula las pronunciadas curvas.

Mi modesto consejo es hacerse un plan a la hora de comprar ropa, y buscar afanosamente esos locales en los que tienen nuestro talle (que no será ni 40, ni 46 ni Large, sino la forma de nuestro cuerpo) y ser fieles a esa marca, porque evidentemente a esa firma sí le interesa pensar en mujeres como nosotras. Después habrá trucos para mejorar la imagen, que una asesora en la cuestión sabrá explicar mejor que yo. Por ejemplo, el pantalón “saruel” (esas babuchas de tiro muy largo), que un principio no les gustó mucho a las mujeres, es una excelente opción tanto para gorditas como para flacas, quedan muy bien hasta para una salida más formal. La superposición de prendas, los vestidos con escote imperio, los sacos de modal largos, entre otras opciones, pueden ayudarnos a embellecer la figura y a que no pensemos en los odiosos SMALL – MEDIUM y LARGE. Como si todos los humanos pudiéramos ser reducidos a sólo tres categorías. Para las que tienen problema con el calzado, estoy empezando a ver zapateros que hacen calzado a medida… A no desesperar, buscando hay alternativas, lo importante es relajarse y que la ropa se adapte al cuerpo de uno, y no uno a la ropa.