Archivo para la categoría ‘Reflexiones sobre moda’

Working girl

Revista SHOP & CO. Mayo 2010. Nota “Clase ejecutiva”. Producción: Lorena Gersztein. Fotos: Eduardo Martí.

Revista Vogue USA. Mayo 2010. Nota “Americans in Paris”. Producción: Marie-Amélie Sauvé. Fotos: Mario Testino.

Creo que todos tenemos internalizada la misma imagen de la chica de oficina: pantalones o falda oscura, camisita blanca, lentes, pelo recogido… Mmmm… Qué aburrimiento! Creo que no soportaría tener que vestirme así de lunes a viernes para venir a trabajar. Pero bueno, todo depende del lugar en el que trabajemos y del dress code que maneje la empresa (por supuesto que si la obligación es usar uniforme, no hay mucho para innovar, no?), aunque intuyo que en la actualidad estos códigos están muchísimo más relajados. Sin dejar de lado la elegancia, el vestuario discreto y los colores neutros, creo que podemos optar por mover un poco las estructuras y animarnos a pequeños grandes cambios que ayudarán a que vayamos a la oficina un poco más contentas (bueno, no sé si para tanto, pero vale el intento!!!).

Para ilustrar esta idea, me vienen como anillo al dedo dos producciones de moda publicadas en mayo, una en la revista argentina Shop & Co. y la otra en Vogue USA. La producción argentina apunta directamente a la ejecutiva de oficina, cómo estar impecable de 9 a 18, mientras que la producción de Vogue habla de la nueva sastrería de diseñadores estadounidenses y cómo está virando hacia un estilo más deportivo pero no por ello menos elegante. Con deportivo no se quiere decir que sea ropa para ejercicio físico, sino que ciertos rasgos de la ropa deportiva –en pequeñas dosis- pueden incorporarse a una imagen muy elegante para tacos altos, no para zapatillas.

Cuando encontré la nota de Vogue lo primero que pensé es “qué buenos conjuntos para la oficina”. Veamos entonces:

 
Hermoso, sin dudas, el conjunto que propone Shop pero… Y si nos arriesgáramos y soltáramos un poco más? Dejaríamos de ser ejecutivas top si amenizáramos un poco la imagen?

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En respuesta a los últimos interrogantes, creo que esta propuesta de Vogue con Daria Werbory es la alternativa perfecta. Desde ya que llevar la cartera a la altura del codo queda ultra divino, y si bien el chaleco largo me parece espectacular, podemos pensar en un saco o tapado 7/8 como opciones más a nuestro alcance. Fíjense cómo lo colores arena suavizan la imagen de working girl, sin por eso restarle fuerza a la presencia de la mujer.  Desde ya que hay que adaptar el look a la edad y personalidad de cada una. Seguramente habrá gente que no puede ni quiere salir del trajecito azul marino, lo cual es muy respetable.

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Desde ya que la blusa blanca no tiene competencia. Es para siempre. Pero tengo mis dudas con respecto a la falda lápiz… Simplemente no me parece cómoda para viajar en el transporte público, para subir escaleras, etc. Creo que es muy atractiva a la vista y muy poco práctica en la realidad. Yo en particular optaría por una falda evasé o balloon. Quizás la imagen de la ejecutiva con falda lápiz esté más cercana al mito que a la realidad… De todas formas, preciosa la modelo con este look.

 

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Pero la gran mayoría de las mujeres, al menos en Buenos Aires, opta por los pantalones, y más en invierno. Para lograr armonía con diferentes colores: cinturón suela, cartera azul, saco o blazer en un color bien clarito, pantalón negro. Qué outfit tan sencillo y, sin embargo, qué efecto tan perfecto. Adoré el corte de los pantalones. Aunque mucho no se usen estos pantalones con piernas más anchas, de hecho me encantaría tener algo así pero no encuentro, me parecen ideales para estilizar la silueta. No les parece?
 

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Para las que puedan ir con jeans a la oficina, creo que esta propuesta de piernas anchas y de un azul muy oscuro y parejo es una apuesta segura. Qué diferencia puede haber entre un pantalón negro (que no forme traje con un blazer, por supuesto) y un jean bien oscuro, parejo y con un corte clásico? La cartera-maletín en composé con el pantalón me fascinó… Cualquier mujer ejecutiva con este outfit no dejaría de parecerme ni menos ejecutiva ni menos elegante.

 

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Para cerrar, Shop propone este look a lo Chanel, que por supuesto me encanta, muy sofisticado. Adoro las blusas que se cierran en la base del cuello. Pero que pasa si hacemos un giro de 180° e  incorporamos detalles más deportivos al look de la oficina? Miren la foto de Vogue más abajo.

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Desde hace un tiempo se ven saquitos y remeras, no precisamente deportivos, con capucha… No les parece que es un elemento que ya hemos incorporado a nuestro umbral perceptivo y que hoy por hoy no nos molesta como pudo haberlo hecho en un principio? Si logramos eso, por qué no pensar en un sweater elegante que tenga un bolsillo tipo canguro? Los pantalones babuchas, afortunadamente, ya fueron incorporados al trajín diario por las working girls. Si tienen algún detalle especial, como brillo o un estampado delicado o una tela satinada, mucho mejor. Seguimos elegantes y salimos de una vez por todas del típico pantalón de oficina.
 

Espero que les haya gustado este recorrido. Desde ya, super agradecida a las revistas de moda de todo el mundo, que siempre nos inspiran y nos permiten reflexionar sobre nuestras propias elecciones a la hora de vestirnos. Hasta la próxima!!!!!

Cumplir 15

La veo a Bárbara arreglada para su fiesta de 15 años e instantáneamente escucho los acordes de “Moon River”, interpretada por Audrey Hepburn en su papel de Holly Golightly en “Breakfast at Tiffany’s” (1961, Blake Edwards).  Hermosos y de muy buen gusto el maquillaje y el peinado elegidos por esta preciosa niña -hija de una compañera de la oficina, Rosa Ana- que recientemente festejó sus 15 años. Cumplir 15… Una bisagra en la vida. Un mundo nuevo a la vuelta de la esquina. Pasan mil cosas por la cabeza y hay tanto para hacer y disfrutar.  

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Barbi eligió, y muy bien, un vestido de “Las Oreiro”, que me sorprendió gratamente porque no tiene la típica silueta sirena que caracteriza a la marca -que si bien es muy sexy, me da la impresión de que puede resultar incómoda para bailar-, sino una silueta que ajusta ligeramente las caderas y que luego permite movilidad. Un vestido adecuadísimo para una chica de 15 años, que tiene que lograr un justo equilibrio entre la adolescente que es y la mujer que será.

¿Y qué les puedo decir del rojo? Es uno de mis colores favoritos,  y una chica como Bárbara realmente lo luce. Cuando yo cumplí 15 (hace 22 años… ¡Qué horror!), a nadie se le hubiera ocurrido este color, es más, ninguna de mis amigas salió del típico blanco. Es que ya todos conocemos la inevitable lista de valores asociada al blanco. Pero si el rojo es pasión, según la psicología del color… Qué mejor oportunidad que la de los 15 años para usarlo? Uno puede ser un apasionado a toda edad, pero los 15 es un punto de inflexión: es mirar para atrás y despedirse de la infancia que ya pasó y, a la vez, vislumbrar con ojos entrecerrados la increíble luminosidad del futuro que nos espera. La felicito a Barbi por haber elegido este color tan significativo.  Para mí, fue todo un acierto.   

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¿Qué puedo decir de mis 15 años? En primera instancia, como era una chica medio amargada y solitaria no quise fiesta, así que el recuerdo que me quedó de ese día (más allá de la cena con mi familia, por supuesto) es una foto junto al equipo de música Hitachi que me habían regalado mis padres, luciendo un corto, ajustado y ochentoso vestido de algodón negro (sí, negro), con mangas largas y un volado como sobrefalda… Por respeto a mi madre no quemo esa foto, pero me encantaría!!!!! En fin, a cada uno le toca vivir una época particular, con todo lo que ello implica, y a mí me tocó cumplir 15 en 1988, cuando se usaban unos jopos inmensos, los jeans nevados (que parece que volvieron, pero aggiornados!), los vestiditos bobos, aros enormes de plástico y un maquillaje pesado como enduido. A Barbi le tocó cumplir 15 en un época con un concepto del estilo y la belleza totalmente diferente.

¿Alguna pasó por la experiencia de festejar sus 15 años? ¡Quiero saber, por favor! Y muero por que me cuenten qué se pusieron las que cumplieron esa edad en los ‘80, o antes!!!!! Hasta la próxima!!

Posdata: gracias a Barbi y a sus papás (Rosa Ana y Marcelo) por autorizarme a postear estas fotos.

Mis imperfecciones y yo

Fotos: www.style.com. Fotógrafos: Lucas Cannonieri, Heide Mount, Greg Kessler y Michael Moros. Backstages de los desfiles de Dior, Lanvin, Prada y Givenchy Otoño 2010.

“Hola, me llamo Mariana y sufro de acné tardío”, tendría que ser mi carta de presentación en una reunión de portadores de acné anónimos. Si es que este tipo de reuniones existiera. El tema de este post no es muy glamoroso que digamos, pero como la idea del blog es divertirnos con la moda, la belleza y el estilo y, para lograr esto, sí o sí tenemos que aceptarnos tal como somos, es que decidí escribir sobre mi gran complejo desde chica, el acné, que no es nada terrible y no van a caer las bolsas del mundo porque yo me brote, pero cómo me enoja a veces.

Cuando era adolescente, mi acné se escudaba tras la impunidad de la edad. En la década de los 20, seguía escudándose tras la edad, ya que la adolescencia cada vez dura más. Pero ahora que tengo 36 (y tengo toda la artillería a mano para cuidarme el cutis, y cómo), qué excusa tengo para explicar estos granitos poco felices que cada tanto me visitan? En realidad, alguien me exige que lo explique? Sinceramente, no. ¿Entonces, por qué tanto drama?

Aunque parezcan perfectas, las modelos también tienen que someterse a largas sesiones de maquillaje para disimular sus pieles reales.

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 Es que yo, como tantas mujeres en el mundo, soñamos en vano con la perfección absoluta: excelentes parejas, amantes, amigas, hijas, madres, empleadas, profesionales. Perfectas para vestirnos, perfectas las uñas y el corte de pelo. Perfectas en nuestro andar y en nuestro comportamiento ante la sociedad. Cuerpos perfectos y cutis de bebé. Ladies de pies a cabeza. Reinas de una comarca que nosotras mismas nos hemos inventado. Quizás no nos interesen las imperfecciones de los demás, pero nos pegamos duramente a nosotras mismas cuando notamos alguna supuesta imperfección propia.

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Y los granos en la cara no nos ayudan a alcanzar este ideal. Por eso molestan, y mucho. Pero… ¿Y si tomamos el toro por las astas en lugar de quejarnos y odiar a la humanidad?

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Yo recién ahora (y después de más terapia de la que tuvo Woody Allen en su vida!) empiezo, de a poco, a aceptar esta supuesta imperfección que me atormentó siempre. Y gracias a esta imperfección en particular, también empiezo a aceptar todas las demás. Primero y principal, no se acaba el mundo por no tener un cutis de porcelana, no? Y aquel defecto que nosotras vemos como vergonzoso y abismal, probablemente a los demás no les importe y ni siquiera lo noten. Y si lo notan, allá ellos!!!! Que no miren si no les gusta. Uno debería estar muy ocupado en sus cosas como para fijarse si el prójimo tiene granos, exceso de peso, calvicie o lo que fuera.

En segunda instancia, dentro de mis posibilidades, trato sanamente de amortiguar el complejo: esto es no volviéndome loca y siendo paciente. Porque todo pasa. Así como no hay mal que dure 100 años, tampoco hay grano que dure tanto!!!! Por supuesto que hago consultas con la dermatóloga, limpiezas de cutis, me higienizo dos veces por día, uso antibióticos sobre lesiones más graves, uso productos que hagan micro-exfoliación, me maquillo con productos oil-free, etc, etc, etc. Y cuando estoy brotada, opto por mucho color en la cara para desviar la atención y también ropa llamativa y accesorios grandes. Parece un tip tonto, pero me da resultado. El objetivo es desviar la atención de lo que nos obsesiona y pensar que nuestro grano no es el centro del mundo. Porque, sinceramente, no lo es ni lo será jamás.

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 Lo que puedan decirme ya lo pasé (igual todo experiencia en bienvenida, desde ya!!!): desde no querer salir de casa para que los demás no me vieran hasta sentirme perseguida y burlada por la calle porque mi cutis parecía un choclo. Desde tener que soportar granos cuando quería verme fabulosa para una salida hasta estar toda una noche en vela esperando que un grano se desinflamara. Lo pienso ahora y siento vergüenza, pero es lo que pasa cuando una no se ama cómo es. Y ya no quiero más eso para mí ni para ninguna buena persona de este planeta.

Y qué pasa con aquellos personajes que, peleados con la vida, se acercan y te dicen orondamente: “¡Ay pobre, qué grano que te salió en el medio de la frente! No será un cuerno?”, y se ríen maliciosamente por lo bajo, creyéndose muy vivos y pensando que por fin te encontraron un defecto. Hay que respirar profundo y pensar que todo vuelve, como un boomerang filoso, o responderles con algún comentario gracioso, porque llegué a la conclusión de que el humor nos salva.

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Y, para cerrar, pensemos: nos importaría a nosotras que nuestras musas favoritas como Anne Hathaway, Cate Blanchett, SJP, Julianne Moore o la que fuera tuvieran acné? A mí no, en absoluto. Que lo tuvieran Clive Owen, James McAvoy, Robert Pattinson o Eric Bana? Para nada. Y no pararía de preguntarme cómo corno hacen para seguir viéndose tan absolutamente fantásticos. Porque un grano no es nada, pero la actitud y la gratitud hacia la vida lo son todo. 

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 Hasta la proxima!!!!!

Too much negro y tachas

Campaña invierno 2010 de Viamo

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En este invierno que no asoma ni en broma aquí al sur del globo terráqueo, no tienen la sensación de que hay una extraña invasión de cuero negro y tachas? Y lo dice alguien que ama el negro y las tachas, pero lo que se está viendo en las gráficas de moda es demasiado. Ni hablar de que las tachas encarecen muchísimo la pieza y que nadie nos garantiza que vayan a quedar adheridas de por vida…. Y repito, me encantan las tachas y vestirme de negro (de hecho en un post reciente, recomendé ítems de este estilo), pero tanto exceso me empalaga. “Estoy hambriento de belleza”, dice con justa razón André Leon Talley ante una agotada Vera Wang en la película “The September Issue”. Y a mí me pasa lo mismo, André, pero con la diferencia de que yo no trabajo en Vogue ni tengo influencia alguna en el mundo fashion…

Campaña invierno 2010 de Blaqué

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 Esta tendencia, la del negro y tachas, responderá al ya trilladísimo espíritu rockero y rebelde del que tanto hemos escuchado (como si ponerse una campera con tachas fuera sinónimo de rebeldía!!!)? A un pesimismo cada vez más creciente por las grandes catástrofes que azotan al mundo? Por qué tanto negro? Acaso los vampiros de la saga “Twilight” han hincado sus dientes en los diseñadores? Y ni siquiera esto último podría ser motivo, ya que los hermosos hermanos Cullen y Hale no andan siempre de negro, y sus pieles brillan como diamantes cuando se exponen al sol!!!

Alguno me dirá “pero así son las tendencias, nena”. Ok, ¿pero no está bueno que convivan varias tendencias en las vidrieras? ¿La gente querrá esto, mucho negro y tachas?

No sé qué me pasa. Estoy un tanto beligerante últimamente. ¿Será porque estoy hecha una rebelde como Marlon Brando en “The wild one”, todo el día vestida de cuero negro y tachas?

Campaña invierno 2010 de Prüne

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La falsa Chanel

Hace un tiempo me compré una copia de una cartera Chanel. En realidad ni siquiera sé si es una copia de algún modelo de una temporada pasada o si es simplemente una excusa con el logo de Chanel bordado. Probablemente sea una excusa con el logo de Chanel bordado. Y yo me sentía tan contenta con mi falsa Chanel, tan ridículamente agrandada… ¿Hasta dónde podemos llegar con tal de “pertenecer”? ¿Acaso una versión falsa de una cartera de lujo nos hace vivir más cercanamente el sueño imposible? Mi excitación duró muy poco, porque a las pocas semanas me arrepentí terriblemente de haber gastado plata en una cartera que rara vez uso, que ni siquiera es de buena calidad y que me costó tanto o más que una hermosísima cartera de industria nacional. Todo por portar impunemente el logo de las dos “C” entrelazadas. Todo por un falso bienestar, tan falso como la cartera que ahora duerme en mi placard.

A partir de esa compra, empecé a tomar conciencia de lo fundamental que es para un país que sus habitantes consuman productos nacionales. Si no se da ese circuito, vamos por mal camino. Quiero ponerme una prenda o colgarme una cartera y pensar que gracias a mi compra varios argentinos tienen trabajo. Y así es cómo funciona la economía de un país, entre miles de otras cosas por supuesto, aunque de economía no sé nada y me aburre. Pero todo empieza por casa.

Todo esto no quiere decir que los que seguimos la moda no amemos a Chanel, Vuitton, Prada, Tiffany & Co., etc, cosa que yo hago, por supuesto, porque son nombres que están a la vanguardia de las tendencias que todo el mundo luego adaptará a sus gustos y posibilidades locales. ¿Pero una falsa Chanel? No, gracias. Sí a los guiños y homenajes a las grandes marcas, pero no a jugar a ser lo que no se es. Es vivir sobre una nube que de un momento a otro puede evaporarse y dejarnos caer violentamente sobre un asfalto duro, demasiado duro.

Todos “chic” en Liliput

Fotos campaña: www.mimo.com.ar

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Qué lindos los chicos de la campaña de Mimo & Co… Y la ciudad de Praga como fondo se ve fabulosa. A veces pienso de Mimo “qué necesidad de llevar a los chicos tan lejos para sacar las fotos de la gráfica…” (campañas anteriores fueron fotografiadas en Brujas, Venecia y La Provence). Pero bueno, probablemente un entorno nuevo y tan mágico los predisponga mejor a los chiquitos, que no deben ser nada fáciles con sus caprichos y berrinches (prejuicio total de mi parte, tal vez se porten mejor que las modelos adultas!). Además, convengamos que las campañas de invierno se hacen en pleno verano, y en Argentina la única posibilidad invernal que tenemos para que los niños no se achicharren dentro de sus sweaters y camperas sería la Patagonia… Así que bien por el equipo de Mimo que elige estos lugares tan originales.

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El traje infantil: poca historia

Pero el tema de Mimo es una excusa para contarles que la ropa para niños no es algo de larga data, ya que en épocas pasadas a los niños se los vestía con exactamente las mismas ropas que los adultos, pero en versiones liliputienses. Sin ir muy lejos, vean en Internet pinturas anteriores al siglo XIX, y en aquellas en las que haya niños van a encontrar que los chiquitines eran meras reproducciones de los adultos. Parece que en el pasado no se tenía en cuenta que los niños juegan, corren, se ensucian y que necesitan estar cómodos para poder vivir a pleno su edad. Recién hay registro de prendas para niños a partir de 1860, aproximadamente, cuando las faldas de las nenitas se comenzaron a confeccionar más cortas que las de las adultas.

“Las meninas” (1656, aproximadamente) de Diego Velázquez

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¿Tendencias actuales?

Y qué puedo decir de la ropa infantil en la actualidad? No es mi especialidad, a duras penas compro cada tanto algo para la hija de mi amiga G., pero por lo que veo hay ciertos prejuicios que fueron derribándose: por ejemplo, desde hace algunas temporadas se ve mucha ropa negra para chicos, lo cual era impensable hace 10 años: “Un niño de negro??? Acaso es un niño gótico, dark o algo por el estilo? Será el nieto de Robert Smith de The Cure????”. Creo que el negro es la mejor opción para todas las madres, por el simple hecho de que es menos mugriento que cualquier otro color, no? Además es unisex, así que una T-shirt negra sin dibujos puede heredarla algún hermanito o primito del sexo contrario… Cuando Aby, la hija de mi amiga G., cumplió un año, le regalé una pollerita y unas calzas negras… Y no soy miembro de los Locos Adams ni nada semejante!

También estuve notando, y esto ya se da desde hace varios años, que nene no es igual a celeste y nena no es igual a rosa. ¡Pero hay otros colores más interesantes, por Dios! Además, ningún bebé de 2 meses le va a cuestionar a la madre que el color que le puso es de “gay” o demasiado “varonil”. Tampoco se usan tanto los vestiditos ultra-femeninos y repletos de volados y puntillitas que sí eran furor en otras épocas. Al menos eso es lo que me parece a mí prestando un poco de atención en la calle y al mirar las vidrieras.

Cuando yo era chica, era común vestir a los hermanitos de la misma manera, aunque no fueran mellizos… ¡Como si fueran dos gotas de agua y no dos pequeñas personalidades por separado! Ahora no se ven tantos hermanitos idénticos por la calle, hay mayor conciencia por parte de las madres de que cada hijo es un mundo aparte.

Hay cierta tendencia a reproducir la ropa de adultos en versión infantil, aunque siempre se cuida de que el producto final resulte cómodo para los niños. Y creo yo que esto está íntimamente relacionado con el hecho de que vemos a nuestros hijos pequeños como extensiones de nuestro propio ser… O quizás esté diciendo pavadas, al fin y al cabo no soy madre. Pero si yo tuviera una hija, seguramente le cortaría el pelo a la garçon, como lo uso yo, hasta que la niña crezca y se haga rastas, crestas punk o lo que quiera.

Al vestir a nuestros hijos, quizás nos permitamos ciertas licencias que no admitiríamos jamás en nosotras mismas.

También es notorio que muchas marcas de indumentaria femenina hayan abierto su línea para chiquitos: Akiabara y Complot, por citar sólo a dos, y en un reportaje la escuché a la diseñadora argentina María Cher hablando sobre la posibilidad de sacar una línea infantil.

Conclusión personal

Desde mi lugar de apasionada total por la moda y la imagen, creo que no es mala idea que ya desde chiquitos les inculquemos a nuestros hijos la importancia de verse bien al momento de vestirse, no desde un lugar frívolo y banal sino desde el más puro amor y respeto hacia ellos mismos. Seguramente al principio a los chiquitines no les importará mucho y probablemente odien tener que vestirse (sobre todo en invierno!), pero con el tiempo, si estos consejos fueron bien internalizados, darán sus frutos, que no quepan dudas.

De vuelta a las pistas: 20 años no es nada

A mis 36 años volví a bailar a las discos, después de casi 20 años de no pisar una. Como ahora los 30 años son los nuevos 20 y los 40 los nuevos 30, aprovecho que supuestamente soy “joven” y salgo a veces con mi adorada amiga MM a “reventar la noche”. Y la primera vez que salimos yo iba muerta de miedo, porque no sabía con qué nuevos códigos me iba a encontrar, con qué gente, con qué nuevos pasos, etc. Y me sorprendió notar que en 20 años el ritual de ir a bailar casi no ha cambiado, más allá del alcohol y otras “yerbas” que no eran comunes a mis dulces 16, y mucho menos en la matiné (horario vespertino para los menores de 18)!!

 La misma excitación de hace 20 años de tener “encuentros cercanos del tercer tipo” con chicos lindos, de ser mirada y piropeada. Todo igual. Cuando tenía 16, y era bastante más pulposa, me decían que me parecía a Adriana Brodsky, pero en morocha (en ese momento estaba muy de moda su papel de la “bebota” en el sketch del manosanta del genial cómico argentino, ya fallecido, Alberto Olmedo) y ahora parece que me parezco más a Audrey Tatoo en “Amelie”! Perdí en voluptuosidad pero gané en sofisticación! Para eso está la edad: ya no seremos las bombas sexies que éramos a los 20, pero somos más sabias, sabemos elegir mejor y podemos seducir mucho más con la palabra.

 Qué vuelvan los lentos

 Lo único que lamento que se haya perdido del ritual del boliche son los famosos lentos… ¡Qué vuelvan los lentos! A los 16 esperábamos ansiosas ese momento de la noche, casi al final, en el que algún chico nos sacaría a bailar y pegaría su cuerpo cansado y transpirado al nuestro y nos diría cosas lindas al oído. Obvio que a mis 16 el amor era sinónimo de Luis Miguel y sus canciones románticas, y ahora, bueno… Mejor me lo reservo!!!!

 Looks bolicheros de hoy y de entonces

 Pero vayamos a lo realmente importante: qué usan las chicas ahora para ir a bailar? Lo que vi hasta el momento me decepcionó mucho: mini-shorts y zapatillas de lona. Horrible. Cero glamour. Las pocas que se atreven a tacos a duras penas pueden caminar. Mucho jean, caras lavadas y los mismos looks que usan para ir a la facu o a cualquier parte.

 En mi adolescencia, parte del ritual del baile era el lookeo. Quizás estábamos toda la semana pensando qué nos pondríamos el sábado (aunque yo no tanto, pero sí mis compañeras del colegio, no me olvido más). Y muchas chicas salían a comprar ropa el sábado a la mañana para estrenársela a la noche.

 A fines de los años ’80, nos hacíamos unos jopos imposibles que endurecíamos con jabón, así que nos quedaba en el pelo un nido de caranchos bastante sucio que igual nos parecía divino. Y en la época del furor del dúo Erasure, íbamos a bailar con minifaldas escocesas muy atrevidas, a duras penas cerradas en la parte de adelante con un alfiler de gancho grande, y unas medias de lana que nos llegaban hasta el muslo. También se usaban remeras de lycra con cuello bote y vestidos cortos elastizados. Éramos mini-diosas y no nos dábamos cuenta. Por supuesto que se usaba mucho maquillaje y unos aros de plástico gigantes. Algunas seguíamos a Cyndi Lauper, otras a Madonna. Todas nos enamoramos al unísono de Michael Fox en “Volver al Futuro” y de Don Johnson en División Miami. Fuimos testigos del corto fenómeno del jean “nevado” y teníamos agendas en las que escribíamos pensamientos propios, frases de otros, el nombre del chico que nos gustaba, la letra de alguna canción, pegábamos el papel del caramelo que nos había regalado el más lindo de la escuela y muchos stickers de Hello Kitty y Hendy. Qué épocas!    

 Fin

 No veo grandes diferencias entre ir a bailar ahora e ir a bailar a los 16, aunque quizás a mis 36 me canse mucho más y soporte menos la música a mucho volumen… Y, sinceramente, extraño esos estrafalarios looks que las chicas de los ’80  explotábamos y que nos hacían sentir tan irresistiblemente bellas.

 Algunos recuerdos para la nostalgia y para la risa:

¡Ojo que ninguna de estas niñas soy yo!

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¡Qué horror! ¡El jean nevado!

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Maquillajes que usábamos para ir a bailar

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Ídolos

Michael Fox

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Cyndi Lauper

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Jon Bon Jovi

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Lo que se usaba, aunque hoy dé cierto escozor!!!

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Adriana Brodsky (la “bebota”), Alberto Olmedo como el “Manosanta” y Beatriz Salomón 

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¿Las que vivieron la época recuerdan con qué iban a bailar, o salían a tomar algo o lo que fuere en los ‘80?

¿Con qué modelo de mujer te identificás cuando elegís tu ropa?

Cuando una mira una colección, ya sea en un desfile, en un look book, en el negocio o donde sea, tiene que ir más allá de las prendas que, por separado, propone el diseñador, y pensar “¿qué modelo de mujer (o de hombre, porque esto bien puede extenderse a ellos) me propone esta marca?”. Es decir, nos puede encantar un saquito, un sweater o los zapatos de determinada colección, pero el desafío consiste en ver si el modelo de mujer que construye esa marca o diseñador a través de las piezas diseñadas y la forma de combinarlas es el que compramos y al que aspiramos. ¿Me explico o es medio rebuscado?

No lo sé a ciencia cierta porque no trabajo en el rubro, pero imagino que cualquier marca aspira a vender su modelo de mujer completo, para capturar así clientas que compren todo el look y que vuelvan cada temporada. Sin ser experta en marcas argentinas de indumentaria femenina, una más o menos se hace una idea de lo que sería una mujer Vitamina, una mujer Rapsodia o una mujer Portsaid, sólo por citar algo. O una mujer Chanel o una Cavalli. Pero este tema del modelo de mujer tiende a simplificarse, porque en general los diseñadores dicen: “Mi colección es para una mujer fuerte y urbana, que no le teme a nada” o “Mis diseños son románticos y muy femeninos”. Muchas frases hechas y no se tiene en cuenta que la mujer tiene mil matices, y que no todo pasa por ser “romántica”, “urbana”, “rockera” o “deportista”. ¿Pero podrá una marca interpretar fielmente los extraños recovecos de las diferentes mentes femeninas que poblamos este mundo cruel? Obvio que en una marca jamás podría entrar todo, pero probablemente el éxito de una colección radique en saber llevar a la tela parte de estos matices de los que hablaba previamente.

Hace unos días, Consuelo Castiglioni presentó en Milán la última colección de la marca italiana Marni, una marca que sé que tiene muchos adeptos pero a la que no le había prestado especial atención hasta el momento, aunque cada vez que la veía a Consuelo en una revista pensaba “me encanta el look de esta mujer”. Y Consuelo es una mujer normal, no es ninguna top model.

Volviendo a la última colección de Marni: creo que Consuelo interpretó en esta colección muchos de mis “matices” escondidos, por eso me identifico y la compraría toda si tuviera mucha plata y viviera en Europa. Lástima que hay pieles… Pero bueno, no hubo tanto abuso de pieles como en otras colecciones. Y cuando una dice “la compraría toda”, implica indefectiblemente que adhiere al modelo de mujer de esa marca… O me equivoco?

Fotos pasarela: Marcio Madeira (www.style.com)

Fotos detalles: Don Ashby & Olivier Claisse (www.style.com)

 

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A ver , a ver, qué me dice esta mujer de Marni? Lo pienso sin haber leído críticas sobre el desfile y sin tener idea sobre la inspiración de Consuelo Castiglioni: esta mujer quiere presencia, más allá de que sea objetivamente bella o no, de que sea alta o no, de que sea flaca o rellena o lo que sea. Esta mujer quiere destacarse, por eso se anima a un par de bermudas en invierno (y para rematarla, con volados) y a un accesorio bien llamativo. Y esta mujer igual se destacaría aunque no vistiera un outfit original, porque es inteligente, locuaz y trata de ser lo más clara posible, porque le gusta dar tranquilidad, no generar confusión y mala onda.

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Para mí, esta mujer disfruta la ropa, para ella no es un embole pensar qué ponerse cada mañana para ir al trabajo. No quiere ser totalmente chic, ni romántica, ni super urbana, ni llevarse el mundo por delante ni ser encasillada en un estilo determinado. Es una mujer que ama los colores porque sabe que a través de ellos no sólo puede levantar su propio estado de ánimo, sino también el de los demás. A esta mujer le gusta sorprender, porque en la sorpresa radica la vida misma.

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La genia de Consuelo Castiglioni con uno de los looks de la pasarela

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No importa que el modelo de mujer Marni no las haya convencido (a mí sí!!!!!!!), lo que importa es que reflexionemos sobre todo lo que puede decir nuestra ropa de nosotras mismas, y sobre cómo lo interior y lo exterior se retroalimentan permanentemente, aunque algunos piensen que lo exterior es pavada.

La vida no es Sex & the City…

Producción: “Rebel Romance”, aparecida en Vogue USA Junio de 2008. Fotos: Annie Leibovitz – Editora de Moda: Phyllis Posnick

Sarah Jessica Parker y Chris Noth, interpretando para Vogue a sus personajes más famosos 

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Cuando me fui a vivir sola hace unos años, pensé que mi vida iba a ser como la de Carrie Bradshaw en Sex & the City: tenía a mi propio Mr. Big (versión argenta!), mi propio departamento (sin vestidor, por supuesto, pero no importaba), empezaba muy lentamente a desarrollar cierto olfato por el estilo (aunque poco y nada se notaba) y me gustaba escribir. Bueno, en realidad siempre me había gustado escribir, pero venía con un denso bloqueo creativo desde hacía varios años, y pensaba que vivir sola iba a ser el incentivo suficiente para que mi imaginación de una vez por todas explotara en maravillosos artículos sobre moda, dignos de ser publicados en la revista Vogue, por lo menos.

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 Me había apoderado de la vida de mi personaje de ficción favorito y soñé por un momento que la vida podía pasar solamente por enormes cafés de Starbucks (que en ese momento ni siquiera había llegado a Buenos Aires!!!), días de shopping, cosmopolitans con amigas y por la ropa más chic del mundo. Pero las cosas, en la realidad, no resultaron así: trabajaba como asistente tantas horas que no era mucho el tiempo que me quedaba para escribir (y el trabajo era relativamente nuevo aún, así que tenía que esforzarme mucho para que mis jefes confiaran en mí), había adelgazado tanto por el cambio de alimentación que, además de extrañar horrores la sana y siempre disponible comida de mi mamá, no encontraba ropa que me hiciera parecer un ser humano. Los pantalones me pasaban de largo y los blazers parecían heredados de una prima con tres talles más. Mi vida se convirtió en un desastre, todos me preguntaban si estaba anoréxica, y lo único que me arrancaba de mi miseria era leer la Vogue y la Harper Bazaar mes a mes, pero para seguir fantaseando con lo imposible. Por suerte mi Mr. Big estuvo siempre a mi lado, pero el día a día no es el cuento de hadas que una se obliga a creer para que la realidad aburra menos.

 Y los cosmopolitans? Bien, gracias. A duras penas podía tomar un poco de vino tinto y ya caía rendida de sueño. Una vez –para hacerme la canchera- me aventuré con un gin tonic, que tomé de un saque como si fuera un vaso de agua, y me provocó una descompostura tal que terminé tirada como una borracha recalcitrante en la puerta de un edificio… Qué lamentable.  

 Pasaron varios años desde aquellas experiencias y mucho, mucho aprendizaje. Demasiado me aventuraría a decir. Y no sin mucho esfuerzo. Y ahora sí me siento una Carrie Bradshaw, pero a mí modo, con mi estilo y mis limitaciones, una Carrie Bradshaw que en realidad se llama Mariana Casas y se acepta con todas sus imperfecciones (aunque trato de hacer algo para mitigarlas!!!! :) ) . Aprendí a valorar mi trabajo, porque gracias a él puedo mantenerme y tener a la moda como hobby. Me animé a abrir un blog y a escribir sobre mi particular visión de la moda, sin importarme que alguien por ahí me diga que no soy palabra autorizada para opinar sobre el tema. Me animé a formar mi estilo a la hora de vestirme, sin importarme que algunos se rían por las calle (bueno, a veces, ni siempre) o que me digan que la moda es frívola. Estoy aprendiendo a alimentarme un poco mejor y a tomar conciencia de que la salud es prioridad número uno. Dejé de buscar compulsivamente a un Mr. Big y comencé a no desesperarme porque a mis 36 años estoy sin pareja (aunque cierta cosita provoca, lo admito). Y ahora estoy segura de que las fantasías son escapes y a la vez motores para tratar de alcanzar nuestras metas, pero que no deben confundirnos ni arrancarnos las 24 horas del momento que nos toca vivir.

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Y los cosmopolitans? Y bueno, sí, esporádicamente disfruto de alguno cuando salgo con amigas, estoy muy contenta y simplemente tengo ganas de hacer un brindis por la vida, que a pesar de muchas injusticias, está buena.

Viviendo la moda a full

Foto: Mario Testino, publicada en la producción “Cuento de Navidad” de Vogue España Diciembre 2008. Realización: Grace Coddington

 

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Veo esta foto de una hermosa Natalia Vodianova corriendo alegremente por un pastizal, vestida con un costosísimo diseño de Nina Ricci y con zapatillas de lona, y pienso que para vivir la moda a pleno hay que sentirse libre.

Y no me refiero a una noción demasiado filosófica de la libertad (se dice que en realidad nadie es totalmente libre, porque siempre vamos a depender de algo, lo cual es verdad), sino simplemente a sentir que uno hace lo que quiere –dentro de lo que puede, por supuesto- y que está muy seguro de hacerlo. Además, para sentirse libre es fundamental respetar la libertad de los demás.

Por eso, para disfrutar con libertad cada elección que hacemos a la hora de vestirnos es necesario vencer prejuicios, seguir nuestra intuición y sentir que nuestro interior se da la mano con la imagen que nos devuelve el espejo. Quizás no sea muy fácil, pero se puede.

Y quizás uno se sienta libre siguiendo las tendencias a rajatabla, siendo extremadamente clásico o teniendo un estilo ecléctico y muy personal. No importa, mientas estemos seguros de nosotros mismos y nuestras elecciones no afecten al entorno en el que nos movemos (por ejemplo, por consenso social, no podemos salir completamente desnudos a la calle… ¿Me explico, no?), cualquier combinación es válida. Lo importante es que nos sintamos livianos, sin presiones y que la opinión de los demás (que muchas veces es sólo por envidia, porque ellos mismos no se sienten libres) no nos perturbe.

No es casualidad que muchas campañas de moda muestren a los modelos retozando en lugares verdes y paradisíacos, como si no existieran obligaciones ni horarios. No por nada la moda -a pesar de imponer con mayor o menor intensidad tendencias, que podemos seguir o no- está relacionada, aunque muchos no lo crean, con la libertad, con la libertad de elegir aquello que nos haga felices y que realmente nos identifique.