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Nueva historia… ¡Alguien mató a mi marido!
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Nueva historia… ¡Alguien mató a mi marido!
Para todos aquellos que me leyeron y me apoyaron, va un nuevo intento!
“Mi hijo el ladrón”
Dinero, sexo, secretos, mentiras y un asesinato son los condimentos de esta historia en la que una mujer aparece muerta en su casa del country y todos parecen tener motivo y oportunidad para ser sospechosos…
Andá al archivo de mayo, buscá el 1er capítulo y tratá de descubrir: ¿quién mató a Laurita?
Un asesinato en un country pone en vilo a toda una comunidad
Busca el primer capítulo en los archivos de mayo y empezá a leer…
¿Descubrirán quién es el asesino?
Loli llamó por tercera vez a su marido para confirmar que estaba entrando al country.
Lorenzo dormía plácidamente en la cuna. Estaba comido, cambiado y no debía despertar por los próximos 45 minutos como mínimo.
Loli se puso el aparatito para escuchar al bebé en el oído, lo acarició y se fue del cuarto. Entró al baño, cerró la puerta encendió unas velas y una musiquita y salió por la ventana del cuarto a la terraza y de allí por la escalera exterior al jardín. Tenía unas calzas negras con una musculosa, el pelo rigurosamente atado y llevaba una pequeña mochila. Corrió hasta la casa de los Lombardo a través del golf y unos terrenos vacíos llegando en apenas 5 minutos. Bajó el volumen del aparato al mínimo al escuchar que su marido ya había llegado a su casa Entró por el costado de la casa de los Lombardo, se puso unos guantes que tenía en la mochila y antes de pisar la galería se sacó las zapatillas usadas y las guardó en la mochila. Debajo de las zapatillas tenía puestos guantes sobre las medias. Tomó un cuchillo abriendo apenas la ventana del quincho y se dirigió a la terraza, subió la escalera y entró al cuarto.
Sobre la cama con una luz de luna que la hacía más bella aún estaba Laurita.
Dormida profundamente con un diminuto short y musculosa ni se percató de la entrada de Loli.
Una vez dentro del cuarto Loli sacó una bata de cirugía de la mochila y se la puso. Luego tomó el bisturí. Dejando la mochila en el piso y el cuchillo a un lado se dirigió lentamente hasta la cama. Se tomó unos segundos para mirarla y preguntarse por qué habrían llegado tan lejos. Sin encontrar una respuesta coherente sujetó fuerte el bisturí, le tomó la pera violentamente estirando el cuello y la tajeó sin dudar.
Laura abrió las ojos de par en par y se llevó las manos a la garganta. La sangre salía a chorros y se podía ver la desesperación en sus cara.
Loli la miró con odio y se le acercó al oído y le dijo:
-¿Esto te pasa por subestimarme tanto? ¿Quién es la que juega en primera ahora yegua? ¿Vamos a ver si realmente te coje muerta mi marido?
La vida de Laura se iba apagando velozmente, nada podía hacer para evitarlo. Entonces Laura tomó la mano de Loli. Esta primero se sobresaltó pensando que era un intento de atacarla y luego comprendió que solo le daba la mano.
Loli sostuvo la mano un segundo mientras los últimos supiros de Laura abandonaban su cuerpo.
Casi se conmueve pero no se lo permitió, le ganó el odio, la sed de venganza, sentir por fin el poder de manejar la situación. Le soltó la mano con desprecio y tomando el cuchillo le dio las dos puñaladas finales. La miró morir con un placer inexplicable y nunca antes experimentado.
Dejó caer el cuchillo al suelo y prolijamente se retiró la bata de cirugía, envolvió el bisturí lo metió en la mochila se puso un par de zapatillas limpias, q traía en la mochila, antes de salir a la terraza y corrió de regreso a su casa. Todo el tiempo ecuchaba a Beto en el cuarto con Lorenzo. Cuando llegó a su casa entró por la terraza y se dirigió al baño, se duchó y salió al encuentro de Beto. Lo saludó como si nada hubiera pasado y este se fue a dormir. Ella misma limpió las zapatillas y quemó los guantes y la bata de cirugía. Lavó el bisturí y lo guardño en un cajón de su mesa de luz envuelto en papel hasta que al día siguiente antes que su marido regresara del taller lo puso entre medio de los demás bisturís que había en el consultorio.
Solo restaba sentarse a esperar el momento para echarle en cara a su marido la venganza que había tejido para ambos.
Eran dos días después de Navidad cuando Loli citó mediante un mensaje de texto enviado desde el celular de Beto a Laurita. La cita era para las 3 de la tarde de ese mismo día, horario en que Beto estaría jugando un partido de tennis. Loli la esperó en el consultorio y puntualmente la escuchó llegar.
Laura traía el cabello suelto, brilloso y lacio como siempre que caía más allá de la mitad de su espalda. Tenía un vestido corto blanco, casi transparente, ojotas con suela de corcho y plataforma y llevaba un bikini debajo. Sólo traía el celular. Y entró con una sonrisa de oreja a oreja hasta que en lugar de encontrar a Beto vio a Loli.
-Hola… Loli, ¿cómo estás?
Se acercó desimulando su sopresa y la saludó con un beso. Loli le corrió la mejilla con desprecio y le señaló que se siente diciendo.
-Esta no es una charla amena, Laurita, conmigo podés dejar esa actitud de mosquita muerta de lado porque se acabó. Sé todo. Este es el último año de mi vida que como tus sobras de ahora en más, vos vas a pagar por todo lo que me hiciste.
-Mirá Loli, me parece que yo mejor me voy…
-Vos de acá no te vas hasta que me escuches. Yo voy a decirte cuándo te podés ir.
Laura se sentó con una sonrisa irónica.
-Ok, apurate porque tengo que irme en 20 minutos.
Loli rió a carcajadas.
-¡Qué hipócrita! ¿Asi que sólo te hacen falta 20 minutos de tu tiempo para tener a mi marido comiendo de tu mano y arruinar dos familias?
-Mirá yo no sé qué idea tendrás en la cabeza…
-No me trates de estúpida porque te voy a arrancar todos los pelos arrastrada. Por lo menos teneme el respeto de no mentirme en la cara. Sé perfectamente bien que te acostás con mi marido desde hace rato. Pero también sé que no solo me engañás a mi y a Martín con eso, sino que a él también lo engañás. A los tres nos mentiste en la cara, pero se te acabó. Sé todo y si vos no te alejás de Beto definitivamente y nos dejás intentar formar una familia de una vez por todas, todos van a saber la verdad.
Laura confundida la miró intentando encontrar una explicación.
-¿De qué estás hablando Loli? Me estás amenazando con contarle a Martín, dale hacelo, empujalo a que me deje y me quedo con Beto en serio.
-Pedazo de yegua si les cuento a todos la verdad no te va a querer ninguno y no te van a alcanzar las cuotas alimentarias para pagar los psicólogos de esos chicos.
A Laura se le transformó la cara.
-¿De qué verdad estás hablando pendeja de mierda?
-Pendeja de mierda? Seguí subestimándome puta que vas a tener que tener clientes en serio para pagarte las extensiones cuando los dos se enteren de los puta que sos y cómo les mentiste a todos.
Laura comenzó a sospechar que Loli sabía algo en serio y comenzó a prestarle atención.
-Te doy una única oportunidad de que lo pienses y me digas qué va a ser. O te alejás de mi marido para siempre o destruyo a tu familia, a tu marido, a tus hijos y por fin todos van a saber lo flor de trola qué es Laurita Lombardo. Yo no tengo nada por perder, si no te abrís y dejás a mi marido en paz les digo a todos que él es el verdadero padre de los mellizos.
-¿Vos cómo sabés?
-Lo sospeché siempre y lo supe en la clínica el día que casi se muere mi hijo.
-Estás segura?
-Claro tengo que creer que no lo sabías
Dijo Loli sarcásticamente.
-No te hagas la santita conmigo ¿querés?
Laura digería la confirmación de su tan prolongada duda aceleradamente. Lejos de provocarle angustia algo la aliviaba. Era como la venganza perfecta después de tanto tiempo para con su marido. Loli ciega de odio no se daba cuenta aún del favor que le estaba haciendo al contarle esta verdad.
-Imaginate la cara de Martín cuando se entere, te quita la tenencia de todos, te mata, no te mira más… El amor de tu vida no te mira más… E imaginate la cara de mi marido, ¿te creés que te va a seguir queriendo cojer después de eso?
-Tu marido me querría cojer aún estando muerta Loli, antes que cojerte a vos seguro. Y Martín se sorprendería que lo supieras vos, él y yo ya lo sospechábamos. Gracias por confirmármelo. La verdad me alegro que todo se sepa, mis hijos saben qué clase de madre tienen más allá de quién sea el padre y eso es más de lo que podés decir vos.
Parándose y dirigiéndose a la puerta con total desparpajo y soberbia Laura seguía diciendo:
-¿Querés contarle al mundo? Contale. Yo no tengo problema. Tu marido seguirá siendo mío como lo fue siempre incluso antes que vos siquiera aparecieras en nuestras vidas, y el mío seguirá estando con otras como lo hizo siempre y adorándome a mi. La única que pierde acá contando esto sos vos. Te vas a quedar sola con tu hijo que cuando tenga un ápice de conciencia va a pedir a gritos vivir con su divertido padre, y quién dice tal vez con su madrastra y medios hermanos… en fin con otros en vez que con vos. Vos no sabés quien soy yo, ¿todavía te creíste que me podías ganar chirusa? Yo soy Laura Lombardo hago lo que quiero y vos no me llegás ni a los talones, para jugar en primera te falta mucho, seguí pensando y dentro de unos años hablamos de vuelta.
Diciendo esto Laura salió del consulorio y se perdió entre los arbustos que llegaban a la calle. Se subió a su carrito de Golf y se volvió a su casa a tomar sol y a la pileta con sus hijos.
Loli se quedó masticando veneno, pensando en las últimas palabras de Laura. Enfurecida salió del quincho y se fue a vacunar a su hijo. Desde ese día tejió el maquiavélico plan que un mes más tarde acabara con la vida de Laurita. Diría al mundo que iba a separarse de Beto para no sembrar sospechas de que sus celos le habían jugado una mala pasada, esperaría el momento apropiado y sin piedad mataría a su enemiga para luego incriminar a Beto. Debía ser un plan meticuloso y prolijo, nada podía quedar librado al azar. Todos deberían pagar por el daño que le hicieron de la peor manera, todos iban a aprender quién era Dolores Ferrando.
A las 4 de la tarde Amanda había terminado ocn el papeleo y se retiró de la oficina anunciando que no volvería hasta el lunes.
Esquivó a los periodistas que ya daban cuenta de la noticia a medias y se dirigió a lo de los Lombardo padres. Llegó pasadas las 5.
En la calle estaban los mellizos. Amanda los miró con cierta pena como jugaban despreocupados hasta que uno de ellos la acompañó a buscar al padre.
Martín, Facundo, los padres de ambos, Emilia, Guillermina, Grace y los otros dos niños estaban al fondo. Martín se acercó a Amanda mientras todos miraban atentos desde lejos. Amanda le contó todo cuanto había avanzado la causa. Primero el viudo reaccionó con descreimiento, con sorpresa, luego con rabia y finalmente Martín rompió en llanto y no hubo lugar para nada más que dolor. Omar se acercó a consolarlo, agradeció a Amanda la molestia de venir a decirles en persona y se llevó a su hijo. Amanda miró la escena a lo lejos por un momento. Martín solo exclamaba que era su culpa en medio de un mar de lágrimas, mientras que los niños miraban confundidos mientras el resto de la familia intentaba distraerlos.
Amanda se alejó sin poder borrar esas caritas de su mente. ¿Cómo podrían explicarles quién y por qué mataron a su madre? ¿Cómo ocultarle los oscuros motivos mientras todo el mundo a su alrededor no hacía más que hablar de ellos? ¿Lograría el tiempo curar tantas heridas?
Los ojos de Amanda se nublaban de lágrimas mientras que manejaba sin siquiera saber a dónde se dirigía y volvía a retumbar en su palabra la frase que le dijese más temprano a Loli.
Pasó horas manejando, recorriendo cada detalle de su vida y tratando de entender porqué eligió aquel lugar tan solitario y cuándo fue que se convenció que allí era feliz.
La ruta parecía llevarla sin rumbo, paró en un hotel a dormir unas horas y en un pueblo a comprarse algo de ropa y comida.
Era casi medio día cuando después de 1300kms llegó a Trelew. Hacían más de 5 años que no volvía por allí, sin embargo todo estaba igual.
Dio una vuelta por la plaza del pueblo, pasó por la iglesia y recorrió las viejas calles que le rememoraban tantas cosas que creía haber olvidado. Finalmente se estacionó frente a una casa blanca, de techos bajos y ventanas con postigos celestes. Con un pequeño jardín adelante y una cucha de perro vacía y herrumbrada que hacía años que estaba deshabitada. Se bajó del auto y se quedó allí parada sin poder dar otro paso. Era como si toda la fuerza que la había empujado hasta allí, se hubiera acabado de golpe.
Su pulso se aceleró, empezó a sentrise mareada y no podía dar un paso en ninguna dirección. De pronto escuchó voces, alguien estaba por salir de la casa. Su cabeza daba la orden a sus piernas que corriesen para esconderse pero su cuerpo estaba petrificado. No podía escapar. La puerta de la casa se abrió y entre una bandada de pequeños de entre 6 y 10 años salió corriendo Vicente.
Todos los niños corrieron sin notar siquiera su presencia, solo una niña un tanto más pequeña que salió última y más despacio la miró y le sonrió.
Vicente estaba muy ocupado arriándolos a todos al principio, pero apenas dos pasos después de cruzar la puerta la vio. Primero la miró extrañado y luego sonrió. Se acercó a ella dubitativo y saludó:
-Hola…
-Hola… ¿cómo estás?
-Bien… ¿vos? Supongo que contenta, encontraron al asesino.
-Si, tenías razón, o era él…
Vicente la miró apretando los labios.
-Pero no vine a decirte solo eso obviamente.
Amanda estaba a punto de arrojarse en sus brazos pero optó por calmarse y decir:
-No recibí tu renuncia y aunque la recibiera no la aceptaría, por eso vine hasta acá. Necesito que vuelvas.
-¿A la oficina?
-Si…
Vicente se dio media vuelta y yéndose dijo:
-No me interesa, me quedo acá…
-Te necesito Vicente…
Vicente se volvió y mirándola a los ojos dijo:
-A mi o al ayudante de la fiscal?
Amanda tartamudeó y finalmente admitió
-A los dos… siempre necesité a los dos, pero recién ahora me doy cuenta… Perdoname, fui una idiota…
-Una estúpida…
Interrumpió Vicente.
-Si, no sabía como…
-Una cobarde, una miedosa…
Volvió a agregar.
-Bueno, tampoco…
Se quejó Amanda sonriendo avergonzada.
-Te pido que me des una oportunidad, no quiero estar más sola, te necesito. Me di cuenta que nada es lo mismo sin vos ahí, y era muy cómoda mi postura de tenerte sin arriesgarme a nada. Pero estos dos días sin vos hicieron que me diera cuenta que prefiero sentir el vértigo constante de saber que puede no funcionar al vacío horrible de extrañarte. Sos la persona que me hace sentir distinta, mejor, importante, sos la persona que me hace sentir querida… y sé que yo no lo hice nunca pero quiero aprender a hacer lo mismo por vos.
Vicente la miraba sorprendido y con una sonrisa pequeña dibujada en sus labios.
-Te quiero Vicente y si me das la oportunidad, estoy segura que puedo demostrártelo como vos te merecés.
Amanda se acercó despacio, y lo besó suave y tímidamente con los ojos abiertos. Vicente de a poco la abrazó y el beso tímido se transformó en un beso apasionado.
Los pequeños que contemplaban a la pareja desde la otra vereda comenzaron a reír y aplaudir.
Vicente y Amanda se rieron y voltearon a mirarlos.
-Prometí llevarlos a buscar helado, ¿nos acompañás?
De la mano comenzaron a caminar juntos. Y como si nada a hablar como antes:
-¿Estás segura que la tenés bien comprometida a la mina esta, no? ¿No se te va a escapar por algún tecnisismo que te olvidaste porque yo no estaba ahí?
-Va a ser un juicio largo y dificil, seguramente el abogado alegue algo para dar de baja su declaración anterior, o intente inculpar al marido nuevamente, pero creo que la tenemos…si… creo que se hará justicia, en algún sentido al menos, nadie le devolverá la madre ni la paz a esos chicos, pero tal vez todos aprendan algo de todo esto… yo aprendí… vale la pena darse la oportunidad de ser feliz en serio y animarse a ocupar el lugar que uno cree merecer… al menos vale la pena intentarlo…
Vicente y Amanda caminaron de la mano con los niños correteando alrededor y se perdieron al doblar la esquina…
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